Cata decidió no dormirse porque había entendido algo importantísimo: si cerraba los ojos, la Navidad se acabaría.
Así que se quedó despierta contando luces del árbol, migas de turrón y risas que aún flotaban por la casa. El reloj del pasillo avanzaba despacio, como si también dudara.
Cuando el sueño llegó de puntillas, Cata preguntó en voz baja:
"Si me duermo, ¿te vas?"
La Navidad no respondió con palabras, sino con calma.
Cata cerró los ojos.
A la mañana siguiente, la casa seguía oliendo a dulce, y ella comprendió el secreto: la Navidad no se termina al dormir, se queda en lo que recuerdas al despertar.
Fuente de Cantos, 26 de diciembre de 2025.

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