Hoy he escuchado en la radio una reflexión sobre algo aparentemente trivial: qué hacemos con el carro del supermercado cuando terminamos de usarlo.
Hay quienes lo llevan hasta su sitio. Y hay quienes, después de vaciarlo, lo abandonan donde les viene bien: entre dos coches, junto a una acera o en mitad del aparcamiento. Al fin y al cabo, podrían pensar, alguien vendrá después a recogerlo.
Y quizá la vida se parezca bastante a ese aparcamiento.
Porque ser buena persona no consiste solamente en no hacer daño. Muchas veces consiste en no dejar a los demás aquello que nosotros podríamos haber dejado resuelto.
Devolver un carro no tiene premio. Nadie te felicita por hacerlo. No hay una cámara esperando para reconocer tu gesto ni una recompensa al final del aparcamiento. Simplemente lo haces porque sabes que es lo correcto. Porque piensas en quien llegará después. Porque entiendes que tu comodidad no tiene por qué convertirse en la incomodidad de otro.
Y ahí, precisamente, creo que habita buena parte de la bondad.
Las buenas personas van por la vida recogiendo sus pequeños carros. Procuran no dejar atravesados sus problemas en el camino de los demás. Piden perdón cuando se equivocan. Dan las gracias. Cumplen su palabra. Devuelven lo que les prestaron. Intentan no ensuciar aquello que encontraron limpio y, cuando pueden, dejan las cosas un poco mejor de como las encontraron.
No porque alguien las esté mirando.
Sino porque ellas sí miran a los demás.
Quizá no podamos saber si alguien tiene buen o mal corazón únicamente por dónde deja un carro de supermercado. Todos tenemos un mal día, una prisa, un despiste. Pero hay algo revelador en esos pequeños actos que hacemos cuando creemos que no importan.
Porque el carácter rara vez se demuestra en los grandes discursos. Se va escribiendo en gestos diminutos, casi invisibles.
Al final, vivir con bondad quizá sea precisamente eso: avanzar procurando que nuestro paso por el mundo no obligue a los demás a ir recogiendo constantemente lo que nosotros dejamos tirado.
Y, si es posible, devolver siempre el carro a su sitio.






