viernes, 20 de febrero de 2026

No hay nada más bello...

Decía Serrat; 

No hay nada más bello que lo que nunca he tenido; nada más amado, que lo que perdí...

Lo repito y entiendo la trampa: lo que nunca fue no decepciona, no envejece, no se desgasta. Vive en un lugar perfecto porque solo existe en la imaginación. Por eso brilla tanto: es promesa intacta, posibilidad eterna, una vida alternativa donde todo sale mejor.

Y lo perdido, en cambio, pesa. Tiene nombre, olor, temperatura. Duele porque fue real, porque estuvo en nuestras manos. A veces lo amamos más desde la ausencia, como si la memoria lo barnizara y suavizara sus bordes, no para mentirnos, sino para poder sostenerlo sin rompernos.

Pero quizá esta frase también es un aviso: no convertir la nostalgia en hogar. Que lo que falta no nos robe lo que está. Que no haga falta perderlo todo para reconocer su valor. Porque la belleza más difícil —y la más verdadera— no siempre es la que soñamos ni la que lloramos, sino la que sucede ahora, mientras estamos distraídos.


Fuente de Cantos, 20 de febrero de 2026. Imagen libre en la red.


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