viernes, 17 de julio de 2026

Soledad y distancia

La soledad es una mancha gris en el corazón. Lo va devorando. Lo va arrebatando... Se instala en los rincones de la casa, en la silla vacía, en el silencio que queda después de una llamada. Hay días en los que la distancia pesa más que el mundo y uno daría cualquier cosa por un abrazo que no tuviera que atravesar una pantalla.

El teléfono acerca las voces, pero no siempre consigue acercar la vida. Puedo escuchar sus risas, preguntar cómo están y fingir que todo marcha bien; sin embargo, al terminar la conversación, la habitación vuelve a quedarse inmóvil. Entonces comprendo que hay ausencias que ninguna palabra puede llenar, porque el alma también necesita compañía, presencia y calor.

Aun así, me aferro a esos pequeños puentes que construimos desde lejos: una fotografía, un mensaje inesperado, un recuerdo compartido. Son hilos frágiles, pero suficientes para recordarme que sigo perteneciendo a algún lugar, que mi familia continúa habitando dentro de mí aunque no pueda tocarla.

Quizás la distancia no desaparezca pronto, pero tampoco podrá borrar lo que nos une. Mientras exista el deseo de volver a encontrarnos, la soledad no tendrá la última palabra. Algún día, esta mancha gris se irá aclarando, y el corazón recuperará todo aquello que creyó perdido.


Cabeza la Vaca, 17 de julio de 2026. Fotografía de Jesús Apa.


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