Ahora que las redes se llenan de fotografías de los años 80 y 90, yo también he vuelto la mirada atrás.
Y aparece esta foto.
La miro y casi puedo escuchar las risas de entonces. Veo a mis amigos, nuestra pandilla, aquellos años en los que parecía que teníamos todo el tiempo del mundo. Éramos unos apasionados de Guns N’ Roses, hasta el punto de bautizarnos como Trabuco’s and Flower.
Entonces escuchábamos November Rain porque nos encantaba.
Hoy, a las puertas de los 50, la escucho de otra manera.
Porque hay canciones que no cambian. Los que cambiamos somos nosotros.
Y quizás de eso se trate la vida: de cambiar.
Miro hacia atrás y, naturalmente, hay cosas que habría hecho de otra manera. Decisiones, errores, personas, momentos… Pero no cambiaría el camino, porque todo lo vivido, lo bueno y lo malo, me ha traído hasta aquí.
A estas alturas empiezo a comprender que mirar atrás no significa querer regresar. Significa recordar de dónde vienes para entender mejor quién eres y, sobre todo, quién quieres seguir siendo.
Porque acercarse a los 50 no debería significar dejar de cambiar. Al contrario.
Quiero seguir cambiando.
Pero cambiando para bien.
Quiero quedarme con lo aprendido y desprenderme de aquello que ya no necesito. Dar más importancia a las personas que a las cosas. Perder menos tiempo en lo que no merece la pena. Equivocarme, reconocerlo y aprender. Escuchar más. Juzgar menos. Disfrutar de los míos. Y no dejar para mañana tantos abrazos, conversaciones o momentos que la vida nunca nos garantiza que podamos repetir.
Con los años también descubres que la vida tiene sus propios noviembres. Épocas de frío y lluvia en las que toca caminar un trecho a solas. Y entiendes aquello que de joven apenas intuías: todos necesitamos alguna vez nuestro tiempo.
Tiempo para pensar.
Para recordar.
Para poner en orden lo vivido.
Y también para decidir hacia dónde queremos seguir caminando.
Hoy miro esta fotografía y veo a unos jóvenes que todavía no conocían los noviembres que les esperaban. Estaban allí, juntos, riendo, viviendo el momento sin saber que aquel instante aparentemente cualquiera terminaría convirtiéndose, muchos años después, en un pequeño tesoro.
Y eso es lo hermoso de mirar atrás.
No hacerlo para vivir de la nostalgia, sino para recordar que fuimos aquellos jóvenes, que recorrimos todo este camino y que todavía seguimos aquí, con la posibilidad de escribir muchas páginas más.
Si pudiera entrar unos segundos en esta fotografía, no les contaría lo que va a suceder.
Solo les diría:
Quedaos un rato más.
Reíd un poco más fuerte.
Poned otra canción.
Y disfrutad del camino.
Porque un día estaréis a las puertas de los 50 y comprenderéis que la vida pasó mucho más deprisa de lo que imaginabais.
Y quizá entonces descubráis algo todavía más importante:
que cumplir años no consiste en dejar atrás a quien fuiste, sino en agradecerle el camino recorrido y seguir trabajando en la persona que todavía quieres llegar a ser.
Hoy miro atrás con nostalgia.
Miro el presente con gratitud.
Y miro hacia delante con ganas de seguir cambiando.
Siempre cambiando. Pero siempre, para bien.
Y cuando vuelva a sonar November Rain, allí estarán otra vez los amigos, las risas, la juventud y aquellos Trabuco’s and Flower que creían tener todo el tiempo del mundo.
Quizá no lo tuvimos.
Pero tuvimos aquel tiempo.
Tenemos este.
Y mientras quede camino, todavía estamos a tiempo de ser mejores.

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