viernes, 22 de mayo de 2026

Cuentos para dormir; las distancias

María era una conejita que vivía en una colina llena de flores, pero su mejor amigo, Tomás el erizo, tuvo que mudarse al otro lado del bosque. Al principio, María miraba el sendero vacío cada tarde y sentía que su corazón se volvía pequeñito. Extrañaba sus carreras entre las margaritas, sus meriendas de moras y las historias que inventaban mirando las nubes.

Tomás también la extrañaba mucho. Una noche, al ver la luna redonda y brillante, tuvo una idea: cada vez que la miraran, contarían en voz bajita una aventura para el otro. Así, aunque estuvieran lejos, María hablaba con la luna y Tomás hacía lo mismo desde su nuevo hogar. Pronto, la distancia ya no parecía un muro enorme, sino un camino secreto hecho de recuerdos, cariño y estrellas.

Pasaron los días, y una mañana llegó una carta con hojas pegadas y dibujos de moras: Tomás vendría de visita en primavera. Cuando por fin se encontraron, corrieron tan rápido que casi rodaron colina abajo de la risa. Entonces entendieron algo muy importante: estar lejos puede doler un poquito, pero el cariño verdadero siempre encuentra la manera de volver a abrazar.


Marbella, 22 de mayo de 2026. Imagen libre en la red.


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