viernes, 1 de mayo de 2026

Sobre la paciencia

En un rincón del bosque vivía una pequeña tortuga llamada Lila, que siempre quería llegar primero a todo: al río, al árbol de moras, al claro donde salían las luciérnagas. Pero, por más que estiraba el cuello y apretaba sus patitas, el mundo parecía ir más rápido que ella. Un día, cansada de esperar, pateó una semilla que encontró en el camino y murmuró: “Seguro nunca llegará a ser nada”.

Un viejo mirlo, que la había visto desde una rama, le dijo: “Vuelve mañana y mírala otra vez”. Lila regresó al día siguiente, y la semilla seguía igual. Volvió una semana después, y apenas había un brote. Pasó el tiempo, y cada vez que volvía, la plantita era un poco más alta, un poco más fuerte, un poco más verde. Entonces entendió que las cosas importantes no ocurren de golpe: crecen despacio, mientras uno aprende a esperar.

Cuando por fin la planta dio una flor brillante y perfecta, Lila sonrió. Ya no quiso correr. Se sentó a su lado y descubrió algo hermoso: la paciencia no era quedarse quieta sin hacer nada, sino confiar en que, con tiempo y cuidado, la vida sabe florecer.


Marbella, 1 de mayo de 2026. Imagen libre en la red.



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