viernes, 15 de mayo de 2026

Estoy aquí

Anoche soñé con una persona con la cual pasé toda mi adolescencia durante mis años de colegio. Un gran amigo, al que sigo queriendo mucho, que me acuerdo del él en muchas ocasiones pero, lamentablemente, llevamos sin tener contacto hace muchísimos años. Fue un sueño que a mi entender venía a decir que me necesitaba, un sueño con muchos mensajes, profundo y que, tras despertar del mismo, he decidido que eso va a cambiar y más pronto que tarde, volveremos a vernos para retomar lo que siempre ha sido una gran amistad...

A veces olvidamos que llevamos en las manos una fuerza silenciosa capaz de cambiar el día, la esperanza e incluso la vida de otra persona. No siempre se trata de grandes gestos ni de palabras perfectas; a menudo basta una mirada que no juzga, una llamada inesperada, una sonrisa ofrecida a tiempo o unos minutos de presencia sincera. Hay dolores que no se ven, heridas que no sangran, cansancios que nadie nombra. Y, sin embargo, pueden encontrar descanso cuando alguien se acerca y dice, aunque sea sin palabras: “Estoy aquí”.

Qué profundo es descubrir que no necesitamos tener todas las respuestas para aliviar a alguien. No hace falta ser experto en el sufrimiento ajeno para acompañarlo; basta con tener un corazón dispuesto a no pasar de largo. Porque sentirse querido no elimina todos los problemas, pero devuelve fuerzas para seguir caminando. Sentirse escuchado no borra la tormenta, pero enciende una luz dentro de ella. Y sentirse importante para alguien puede convertirse en ese pequeño hilo de esperanza al que una persona se agarra cuando todo parece demasiado oscuro.

Pero hay algo todavía más hermoso: cuando decidimos cuidar a otros, también algo en nosotros se cura. La generosidad nos despierta, nos ensancha, nos recuerda que no estamos hechos para vivir encerrados en nosotros mismos. Cada gesto de amor nos devuelve a lo esencial: somos seres de encuentro, necesitamos querer y ser queridos. Y cuando hacemos sentir a alguien que importa, también nosotros recordamos que nuestra vida tiene un sentido más grande que nuestras prisas, nuestras preocupaciones o nuestras heridas.

Por eso, hoy puede ser un buen día para empezar. Elige a alguien. Escríbele. Llámale. Abrázale con palabras. Hazle sentir que no está solo, que su vida pesa en tu corazón, que su presencia cuenta. Quizá para ti sea solo un minuto; para esa persona puede ser un refugio. Quizá para ti sea un gesto pequeño; para ese alguien, una razón para resistir. Porque al final, no siempre recordaremos los días exactos ni las frases perfectas, pero sí a quienes nos hicieron sentir amados cuando más lo necesitábamos. Y tal vez esa sea una de las formas más bellas de vivir: pasar por el mundo dejando en los demás la certeza luminosa de que importan.

Hoy, por ahora, solo pude mandarle un mensaje; Querido amigo. Anoche soñé contigo como hacía cientos de años no hacía. Como siempre, también en mi sueño, vivíamos aventuras como grandes amigos. Pero algo me decía que tenemos que vernos muy pronto, y así será. Espero que estés bien. Te echo de menos. Un fuerte abrazo!!


Fuente de Cantos, 15 de mayo de 2026. Imagen libre en la red.








No hay comentarios:

Publicar un comentario