viernes, 2 de octubre de 2026

Bocados de felicidad

De joven pensaba que la felicidad era que pasaran cosas.

Viajar. Celebrar. Conseguir. Estrenar. Enamorarse. Soñar con lo siguiente.

Quizá porque entonces todavía no sabía que la vida, algunas veces, también consiste en perder.

Y uno va perdiendo personas, momentos, lugares… incluso versiones de sí mismo que creyó que durarían para siempre.

Será por eso que, con los años, he dejado de buscar la felicidad en los grandes acontecimientos.

Ahora la encuentro en cosas mucho más pequeñas.

En una sobremesa que se alarga.

En una llamada inesperada.

En saber que las personas que quiero están bien.

En volver a casa.

En sentarme en silencio y no necesitar nada más.

He comprendido que hay días maravillosos en los que, sencillamente, no pasa nada.

Y qué suerte.

Porque quizá madurar sea precisamente eso: dejar de pedirle a la vida que sea extraordinaria y aprender a agradecer que, por un instante, todo esté en su sitio.

Hoy creo que la felicidad no se parece a la euforia.

Se parece a la paz.

O, mejor dicho, la felicidad es lo más parecido a la tranquilidad.

Y cuánto tiempo tardamos en darnos cuenta.


Fuente de Cantos, 2 de octubre de 2026. 



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