Compró el vestido negro una tarde cualquiera. Elegante, sencillo, perfecto para una ocasión especial. Al verlo colgado en el armario, su marido preguntó para qué era. Ella sonrió: "Ya surgirá el momento de estrenarlo".
Hacía años que apenas se querían. Compartían casa, silencios y una colección interminable de reproches. Alguna vez, en mitad de una discusión, ambos habían pensado que todo sería más fácil si el otro desapareciera.
El sábado ella estrenó por fin el vestido. Frente al espejo se arregló despacio, se pintó los labios y salió de casa. Una hora después, junto al féretro de su marido, alguien se acercó para abrazarla: "Lo siento muchísimo".
Ella agradeció el pésame, se miró de reojo en el reflejo de una ventana y suspiró. Había esperado demasiado.
El vestido ya no estaba de moda.

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