viernes, 18 de noviembre de 2016

Caprichos del destino

Hay quienes prefieren pasar de puntillas por este mundo, con una vida ordenada y ajena a cualquier cambio. Sencillamente viven en un mundo totalmente estructurado, sin pretender que nada altere sus caminos. Esas personas están alejadas de esa sensación poderosa que a veces tenemos con el destino, con no saber lo que éste puede depararnos. Porque no todo el mundo cree en él, sino que simplemente, se limitan a evocar a la casualidad, más que a alimentar esa veracidad de que el destino está ahí, pero hay que salir a buscarlo. Porque no creo que tenga mucho que ver la casualidad con el destino, aunque a veces lleguen a ti de manera aliada. Para mi son dos cosas distintas.

Todos conocemos historias de casualidades, propias o bien que vengan de parte de algún conocido. Me contó Annie, que hace muchos años unos amigos suyos se mudaron a vivir a Chicago. Esta ciudad, que está en el Estado de Illinois, es la tercera ciudad más habitada de los Estados Unidos. En aquellos entonces, no se disponía de los medios digitales de ahora, y las conexiones personales eran más complejas. Nada más aterrizar en aquella ciudad, a esos amigos de Annie, se les vino a la cabeza otro amigo en común que sabían que vivía allí. "Lástima que no sepamos nada de él, para poder haberle hecho una visita", comentaron ambos, mientras viajaban en el coche que les llevaba a su nuevo hogar. 

En ese momento, mientras se encontraban parados en un semáforo, otro coche se les puso al lado. Tuvieron que frotarse los ojos porque no daban crédito lo que veían. En el coche que paró junto al de ellos, conducía ese viejo amigo del que hablaban un momento antes. Fue así, con esta casualidad, como volvieron a recuperar la vieja amistad que por circunstancias de la distancia habían perdido.

Hace también muchos años, Michel, un amigo de Francia, decidió embarcarse en una aventura por América del Sur. Para dicha experiencia, contaría con una moto de gran cilindrada, por la que atravesaría toda Argentina. Al llegar a la Patagonia, la zona más austral de América, se detuvo a contemplar el paisaje y tomar algunas fotografías. Un escenario desértico y desangelado. De repente, observa que a unos cientos de metros, hay otra persona, que al igual que él, viaja en moto y está tomando fotografías. 

Cuando decidió acercarse hacia él para que le hiciera una fotografía con su cámara, no podía creer quien era aquella persona que estaba, en la otra punta del mundo, viviendo la misma aventura que él. Un antiguo amigo de la infancia y que fue su compañero en el colegio, y del cual no sabía nada hacía años, pero que por casualidades, o por caprichos del destino, pensaron en vivir la misma experiencia, en las mismas fechas, y coincidir en el lugar más inesperado jamás por ellos, para así de nuevo, recuperar la amistad ya casi olvidada.

Pero, ¿quien no ha sentido esa sensación en que, la casualidad, lo inesperado, va poniendo marcas en nuestro camino, obligándonos a encauzar la vida, en una dirección u otra?. Hay quien dice que son designios del destino; de esa fuerza que está por encima de nosotros, y que nos empuja a una sucesión inevitable de acontecimientos, de los que no podemos escapar. Entonces, cuando eso ocurre, te preguntas; ¿Casualidad o destino?.

Hace unos días leí algo increíble, de estas historias sobre casualidades, como las dos anteriores, pero que te hacen pensar y reflexionar de lo imprevisible que puede ser la vida. 

"El 1 de octubre de 1987, en un hospital del Estado de Illinois, era abandonada al nacer, una niña con una malformación genética; no tenía piernas. Al conocer la noticia, el matrimonio Bricker, acudió a su rescate y decidieron adoptarla. La criaron como si fuera suya, y bajo una premisa concreta, la misma con la que criaron a sus otros tres hijos; nunca decir "no puedo". Y a los siete años, Jennifer dijo a sus padres que quería ser gimnasta. Pero, ¿cómo iba a ser gimnasta si no tenía piernas?.

Comenzó dando pequeños saltos en una cama elástica que le compró su padre. Al principio, le costó empezar, y las caídas eran constantes. Pero poco a poco, con el entrenamiento con su padre, fue mejorando, hasta llegar a competir. Al poco tiempo se convirtió en campeona del Estado de Illinois. Creció imitando a su ídolo, Dominique Moceanu, una gimnasta estadounidense que competía en gimnasia a nivel mundial, y quiso ser como ella.


Cuando Jennifer se hizo mayor, le preguntó a su madre sobre su familia biológica. A Saron Bricker le costó decirle el apellido, pues este era Moceanu. ¿Cómo era posible? Jennifer no podía creerlo. Una cosa es que puedas hablar con tu ídolo de la infancia, pero otra es que ese ídolo sea tu hermana. ¿Casualidad o destino?...."




Jennifer Bricker y su padre adoptivo. Imagen libre en la red. Fuente de Cantos, 18 de noviembre de 2016.
  
       

   

viernes, 11 de noviembre de 2016

Se vende

Laura esperaba pacientemente a la directora del colegio en aquel amplio despacho, con muebles de color nogal y enormes sillas negras de cuero desgastado. La luz natural que entraba por las amplias ventanas, lo hacían algo más acogedor. A través de ellas, podía ver a sus compañeros de clase jugar sobre el agrietado hormigón del patio de aquel viejo colegio. Era el momento del recreo y había sido llamada por primera vez a hablar con la directora.

Ésta, se encontraba en una sala contigua hablando por teléfono, y mientras lo hacía, en voz baja como un susurro, no perdía ojo de la posición de Laura, quien seguía inmóvil frente a aquel enorme escritorio de madera. Bajaba la mirada cada vez que cruzaba ésta con la de la directora, quien le infundía un gran respeto. Ahí, con su vista hacia abajo, contemplaba sus relucientes zapatos negros, sus medias color gris hasta casi la rodilla, dónde encontraban el inicio de un atípico uniforme colegial, color rosa claro y con ribetes blancos. Justo debajo de sus hombros, descansaban dos perfectas trenzas doradas que finalizaban en sendos coleteros color rojo.

El tono de despedida en la conversación telefónica de la directora la hizo poner en guardia, aunque a pesar de sus inocentes siete añitos, se la veía preocupada e incrédula por encontrarse en aquel despacho; algo mal debía haber hecho para estar allí. La directora del colegio, con poco tiempo en su puesto, era una mujer joven y muy alta (seguramente aún más para Laura en aquel momento). Se dirigió al despacho cerrando tras de sí la puerta de la sala de reuniones contigua a éste. Fue hacia su silla, que acomodó a su posición, y se sentó. Miró a la chica que tenía frente a ella, aún inmóvil, y le dijo:

- "¿Sabes con quien hablaba?". Laura levantó la mirada. "Hablaba con tu madre".

Laura no pudo evitar sacar una leve sonrisa, dejando entrever la falta de dos de sus dientes delanteros, que contrastaba con sus labios pintados torpemente de un carmín color rojo. Su pequeña y rosada cara delataba que también habría algún colorete sobre ella. Al momento dejó de sonreír, pues quizás intuyó que si había estado hablando con su madre, es que no sería buena señal. Ahora un sudor frío recorrió todo su cuerpo, y mirando seriamente a la directora, cerró intuitivamente sus puños como muestra de alerta, tapando casi al completo aquellos pequeños dedos pintados de rojo y dónde podían verse algunos espacios más claros, a causa de la pintura descascarillada.

La directora, aún en tono conciliador, volvió a preguntarle;

- "Y dime Laura, ¿sabes por qué motivo te he llamado aquí?. ¿Y sabes por qué estaba hablando con tu madre?".

Laura, casi sin mirarla, se encogió de hombros.

- "¿No lo sabes, Laura?".

La pequeña abrió una de sus manos, y la hizo oscilar de un lado a otro, en un vaivén de 90º, mientras trataba de decir con ese gesto; ...."más o menos".

- "Bien Laura, resulta que acaba de decirme tu madre que llevas mucho tiempo ahorrando todo el dinero que te dan semanalmente en casa. Que incluso en tu último cumpleaños, pediste como regalos que solamente te dieran dinero, porque según parece, querías ahorrar para ir a la excursión de fin de curso. Pero ahora resulta, que llegamos a ese momento, y eres la única persona de la clase que no quiere ir a la excursión, poniendo como excusa que es tu madre quien no te deja ir. ¿Pero sabes una cosa Laura?. Acabo de hablar precisamente con ella, y me dice que eso no es cierto. ¿Me lo puedes explicar?".

La pequeña se sonrojó avergonzada. Su engaño había sido descubierto. Estaba a punto de echarse a llorar, cuando volvió a decirle;

- "Laura, mírame a los ojos por favor. A mi puedes contármelo; te prometo que no se lo diré a nadie. Será un secreto de las dos. ¿Puedes decirme para qué es realmente ese dinero que estás ahorrando?".

La voz suave de aquella mujer pareció calmarla. Casi sin inclinar su cabeza hacia arriba, levantó sus tímidos ojos color verde. Ahora aquella mujer le parecía alguien en la cual confiar su pequeño secreto. Así que se decidió a responder tímidamente:

-- "Seño, es que necesito ahorrar para comprar algo que aún no sé su precio".

La directora quedó asombrada ante esa inesperada respuesta. Ni tan siquiera la madre de Laura sabía el motivo de ese "sentimiento ahorrador" de la chica durante los últimos meses. Solamente imaginaba que a Laura le gustaría algún chico del colegio, pues sabía que de manera inocente le "cogía prestado" sus maquillajes, los cuales usaba en el baño del colegio desde primera hora de la mañana, y dónde en el momento del recreo, cambiaba su uniforme del colegio por bonitos vestidos que traía de su casa guardados cuidadosamente en su mochila, como el rosa que llevaba en ese momento, que era su preferido. La inocente acción de Laura no había sido considerada objeto de recriminación por parte de su profesora, y su madre lo veía como algo pasajero, gracioso y propio de la niñez.

- "Pero Laura, le dijo la directora, ¿Qué es eso que quieres comprar de lo cuál desconoces el precio?. ¿Es que no sabes su valor?".

-- "Sí lo sé Seño. Que diga, no..., no lo sé Seño. Quiero comprarlo, pero no sé si tengo suficiente aún".

La directora estaba intrigada ante aquello que estaba escuchando, pero se estaba ganando la confianza de la pequeña, así que de manera sutil, decidió ayudarla y animarla a que le diera más información.

- "Bueno, precisamente en este cajón de aquí guardo algunos de mis ahorros, y aunque no son muchos, quizás uniéndolos a los tuyos tengamos suficientes y podamos hacer frente a ese gasto. Así que si me dices de qué se trata, estoy segura que con lo que tenemos ahorrado entre las dos, podremos comprarlo". 

Laura volvió a sonreír abiertamente, dejando al descubierto su "imperfecta dentadura". No se esperaba esa ayuda, y ahora tal vez podría conseguir aquello para lo que llevaba ahorrando tanto tiempo, así que no quiso desaprovechar esa oportunidad, y decidió seguir confiando en aquella mujer, ahora su aliada.

-- "Vale Seño, te lo diré. Pero por favor, recuerda que esto es un secreto entre usted y yo".

Mientras veía que la directora asentía con la cabeza, le dijo;

-- "Quiero comprar el amor de David, el chico que está en la clase de 3º A".

La directora no podía creer lo que estaba escuchando. No imaginaba que de aquella inocente niña pudiera salir esa ocurrencia. Todo su comportamiento y todo aquel compromiso con el ahorro de los últimos meses, era consecuencia de aquel enamoramiento irracional e impropio de la niñez. 

Entonces, aquella mujer, que no quería de ninguna manera romper de golpe los sueños de aquella dulce pequeña, trató de convencerla y que entrara en razón.

- "Pero Laura, no sé si eso va a ser posible. Y es cierto lo que dices, que es algo de lo cuál no puede saberse el precio ni tan siquiera su valor. Pero es más complicado que todo eso, y es que el amor no se vende, y por consiguiente, no puede comprarse".

Laura la miraba fijamente, pero no parecía inmutarse por aquella afirmación. Parecía que pudiera esperarse aquella respuesta, así que a continuación le dijo:

-- "¿No puede venderse Seño?. Yo creo que sí, que el amor se vende. Porque si no es así, entonces me gustaría que me explicaras, por qué hay quien el amor regala, incluso a veces, a quien menos lo merece....



Imagen libre en la red. Fuente de Cantos, 11 de noviembre de 2016.

















      

   



    

    

viernes, 4 de noviembre de 2016

Las lecciones del abuelo. Segunda parte y final.

.... Ya cuando se puso a mi lado, montado sobre su mula, y habíamos recorrido algunos metros, decidí preguntarle..

"Y abuelo, ya que hace tiempo que no hablamos...., ¡cuéntame algo de la historia del pueblo, de su vida, de cómo lo ves en el futuro....!".

Sin esperarse esa pregunta, quedó un poco pensativo antes de comenzar a hablar, para luego decirme....

"Querido nieto. Cuando se habla de la vida, me veo obligado a hablar del pasado, que aunque ya quedó atrás y hay que mirar adelante, siempre es bueno recordarlo para saber de dónde viene uno.

Y si es cierto que en la historia pasada está el alma de los pueblos, en el futuro está su esperanza y su razón de vivir, y en sus gentes, el corazón. 

Pero el futuro del pueblo, el futuro colectivo, está en la infancia despreocupada y feliz. También lo tenemos en esa adolescencia que va enredándose en el amor y en la vida. El futuro es esa juventud un poco descreída con su futuro, valga la redundancia. Pero eso es positivo, porque no es bueno que los jóvenes aceptéis una vida regalada. Acostumbraos a rechazar todo lo chabacano, lo fácil, lo rutinario y lo impuesto. Apuntaos a causas nobles. Si queréis que vuestros progenitores sean felices, bastará con que vean la felicidad y el entusiasmo en vosotros. Y no os sintáis defraudados por cosas malas que puedan ocurriros, porque tened en cuenta que hay muchísima buena gente. Lo que pasa es que la gente decente es menos veces noticia que la gente que va haciendo trampas por la vida."

-- Pero abuelo, le dije con sumo interés. ¡Háblame precisamente de eso, de cuando tú vivías en esa juventud, esa adolescencia...!--

"Ay querido nieto. ¡Eso sí que eran otros tiempos!. Los niños de aquel entonces, éramos ajenos a las dificultades propias del momento, las cuales nuestros padres sorteaban como podían. ¡Aquello sí que era vivir en crisis sin saberlo!.

Nuestros padres eran nuestros héroes; (lástima que a veces lo descubriéramos tan tarde). Por eso que siempre estábamos deseando hacer falta en el campo, dejar la escuela e ir en su ayuda. Para nosotros era un orgullo empezar y acabar el día con ellos. Las enseñanzas de sus lecciones no tenían límites El que hoy algunos seamos analfabetos está más que justificado. Digamos que es algo anecdótico para nosotros. Pero gracias a Dios, eso hoy no pasa. Todo el mundo sabe leer y escribir. 

Curioso era ver cómo nuestros padres jamás se quejaban. Labrados a golpe de una fatiga que se tiene, pero que no se dice. 

Eran tiempos duros, pero que recuerdo con melancolía y gratitud. Desde muy pequeños, mi padre y mis abuelos aprendieron a cultivar la tierra. Después me enseñaron a mi y a mis hermanos. Era lo primero que se aprendía, porque dos manos, por muy pequeñas que fueran, siempre eran dos manos, y nunca venían mal.

Y por estas tierras veníamos a diario, donde teníamos algunos animales y algunos castaños. Entonces a medida que cosechábamos las castañas, las ahumábamos en una habitación para sacarles la humedad. Aún recuerdo el olor seco de los leños concentrados en ese cuarto, de paredes oscuras tiznadas por el humo. En esas noches de otoño, asábamos unas cuantas castañas sobre la tapa de hierro de la estufa. Mientras todos cenábamos alrededor de la mesa, las castañas iban desprendiendo su esencia suave y aceitosa a medida que se tostaban al fuego.

Las comíamos tibias, después de la fruta, mientras conversábamos sobre las cosas importantes de la vida; cómo estaba el ganado, las ovejas que habían parido, la cosecha, el sabor de las verduras y hortalizas de esa temporada, la siembra, la poda... Incluso si ese día habíamos estado solos en el campo, contábamos todo lo que éste nos decía. Porque la naturaleza te habla, sólo debes saber escucharla.

Esa era la mejor parte del día. Era el momento de dedicarlo a la familia. ¡Así se construían los hogares por aquel entonces!.

.... Recuerdo que mi padre se sentaba siempre en el mismo sillón, y en el mismo lugar de la mesa. Ese sitio era sagrado y nadie podía ocuparlo. ¡Ahí era dónde más cómodo se sentía!. 
Un día le pregunté.... -- Padre, ¿por qué siempre ocupas ese lugar y no cambias nunca de sitio?.-- 
Hijo, porque desde aquí las cosas las veo mejor, me decía. Yo, que a veces me sentaba en su sillón cuando él estaba ausente, veía lo mismo que desde cualquier otro sitio, sin apreciar nada en particular de diferente. 

Fue con el paso del tiempo, que descubrí que todo lo que él veía, no era por el lugar que ocupaba en la mesa, sino por su posición de responsabilidad. Sin darnos cuenta, desde ese viejo sillón, supo trasladarnos todos los valores que hoy tenemos y heredamos. Por eso, es tan importante seguir escuchando a los mayores....".

Yo sencillamente estaba boquiabierto de escuchar a aquel señor, quien se había convertido en mi abuelo por un momento. Pero ya no decidí interrumpirlo más, dejé que siguiera hablando de aquella manera tan tierna y con tanta nostalgia y amor, por la historia de su vida.

"Antiguamente se cantaba mucho. La gente cantaba en las cocinas, frente a una candela, en los patios... Muchos cantaban en el trabajo, en el campo, durante el día, pero también en sus casas, cuando regresaban por la noche.

Cuando trataban de dormir a los niños, en las sobremesas, en las fiestas familiares y en las procesiones. Realmente era curioso, pero casi todos cantaban o tarareaban algo cuando iban y venían del trabajo, o mientras trabajaban en los sembrados, al pie de la Sierra. Desde aquí donde estamos, desde la altura, las mujeres y hombres que labraban la tierra se veían pequeños. 

El movimiento de sus cuerpos allí abajo, mientras trabajaban con palas y picos, apenas si se percibía. Sin embargo, las canciones que se cantaban subían por el Cerro de la Fontanilla, la Peña Alta o por la Buitrera, recorriendo sus laderas, y se oía con claridad en lo alto del pueblo. No había tanto ruido como hay ahora. Y no hablo solo del ruido de las herramientas, o de los coches y tractores. La gente lo hacía todo con otra paz, y esa paz iba con uno a todas partes."

Seguíamos avanzando uno al lado del otro. Pero al pasar por un determinado lugar, empezó a guardar silencio. Era como si algo le hubiera sobrecogido. Su emoción se veía contenida en su rostro. Pasado un tiempo, y antes que yo le preguntara, comenzó de nuevo a hablar....

"Mira, esta era la huerta de Benito. Tenía un cariño especial por él, pues se había hecho bastante amigo de mi padre. Así que cuando mi padre murió, hice un bolso grande con ropa que me parecía que podía servirle. 

Entonces Benito trabajaba en la huerta con una camisa de cuadros y un pantalón azul de algodón que mi madre le regaló a mi padre en su último cumpleaños. Todos los días, cuando pasaba por aquí, mi corazón daba un vuelco cuando veía a Benito vestido con la ropa de mi padre...; ¡pero esa era la intención!. Así vivía yo el recuerdo.

Benito golpeaba con la azada la tierra, y cuando escuchaba el sonido de los cascos de la mula, apoyaba una mano sobre el mango de madera, mientras con la otra secaba el sudor de su frente. Él me sonreía, y yo le decía en voz alta...-- Adiós Benito. Que tengas un buen día de trabajo --..., (mientras mi corazón decía para sus adentros), -- Pasa un buen día en el cielo padre, que yo seguiré cuidando de tu tierra --.

Esas son las verdaderas herencias hijo. Las que consisten en no olvidar nunca quien dejó lo que hoy tienes, el esfuerzo que eso supuso, pero sobre todo, quienes te convirtieron en la persona que hoy eres.

Pero es evidente que cada cual escarba en sus raíces como mejor puede, con aquellas cosas que nos identificamos, a pesar de los cambios que han sufrido con el paso del tiempo. Pero uno ya se va haciendo viejo...."

Miré hacia arriba, y vi a un hombre hecho y derecho que empezaba a emocionarse, así que traté de desviar la conversación....

-- ¿Viejo dices? Abuelo, si está usted hecho un chaval. Cualquiera lo diría. Yo te veo mejor que nunca --; le dije haciéndole un cariñoso guiño...

Entonces me dijo.... "Hay dos maneras de hacerse viejo; de manera desgarrada, roto consigo mismo, enrabietado, rebelde..., o de manera serena, mirándose las arrugas sin miedo, queriéndose. Yo me parece que soy de los segundos, y eso sólo lo consigues en un pueblo como éste...."

"¿Ves este bastón?", me indicó tocando en una de las agüaeras de la mula. "Pues solamente lo uso para ir a cobrar al banco", me dijo orgulloso.

Los pueblos también tienen sus cosas malas, no te vayas a pensar. Pero siempre hay que ponerle un poco de picaresca a la cosa. Cuando voy al banco a cobrar la pensión, voy con este bastón. La gente si te ve que sigues fuerte como un roble, no todo el mundo se alegra. Así, con el bastón pensarán....Mira qué bajón ha pegado fulanito... Además, no sea que me vayan a rebajar la paga por estar tan bien como estoy. Pero a ti en confianza te digo, que solo lo uso para eso...

Vino bien desviar la conversación, pues volví a ver su cara iluminada por el orgullo de contar una historia, la de su vida, sencilla, humilde, sana y pueblerina, como él bien recalcaba.

"Pero te diré una cosa... Que aunque uno es viejo, sabe dónde está el futuro y mirar hacia él, y confío en que vosotros, los jóvenes, también lo descubráis más pronto que tarde. Alguien dijo una vez, que los pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los pueblos fuertes, sólo necesitan saber dónde van."

Con estas últimas palabras, empezamos a divisar el pueblo, y al poco a entrar en él. El Molino de Ibarra, la fuente de la Fontanilla, y así bajando la calle del Cura, llegamos hasta el Paseo. Y ahí, quise despedirme de él.... 

Miré hacia arriba, y crucé mi vista con la suya. Ahí, montado en su mula, apareció de nuevo su mirada más melancólica, y fue él quien volvió a dirigirse a mi, para decirme...

"Hijo, no te alejes de la felicidad que te da el pueblo.
Acéptala mientras se te ofrece gratuitamente,
pues después correrás detrás de ella,
pero ya no podrás alcanzarla".

Y así, subido en su vieja mula, continuó la calle abajo.

Pero antes de desaparecer, que vi a un amigo que por allí pasaba, y me acerqué a preguntarle.

"Dime..., ¿sabes quien es el señor que va a lo lejos montado en la mula?. Es curioso, pero me ha confundido con uno de sus nietos. Tal vez debo parecerme mucho a él.

Mi amigo al escucharme, sonrió y me dijo...-- "No te confundió con nadie. Rufino es soltero, y nunca tuvo hijos, ni por consiguiente nietos. Y no te preocupes, que tampoco está loco, solamente que quiso enseñarte algunas lecciones de la vida en los pueblos.

Por un tiempo, también fue mi abuelo, y el abuelo de muchos.

Quizás gracias a él, sé que nunca abandonaré mi pueblo, y fue él quien me enseñó a proteger y cuidar mis raíces....-- ".


Y lo que a mí me enseñó Rufino, es que todos los hombres y mujeres tienen derecho a decidir dónde quieren vivir. Pero los que decidimos quedarnos aquí, en los pueblos, estamos en la obligación de cuidar aquello que nos dejaron en préstamo. Solo así, mantendremos la esencia de quienes somos...., y solo así, podremos honrar a nuestros antepasados. 

Pero eso Cabeza la Vaca ya lo sabe. Y es que aquí, nadie se siente forastero, y ahí sí que puedo decir, que hablo por mi propia experiencia. Por eso que os tengo tanto respeto, que os pido permiso, ahora sí, para ¡inaugurar la XI Feria de la Castaña.!


P.D: Quiero agradecer al pueblo de Cabeza la Vaca las muestras de cariño recibidas durante estos días. Cariño, que ha engrandecido mi corazón por unos días!!.





Cabeza la Vaca, XI Feria de la Castaña. 28 de octubre de 2016. Fotografía de Jesús Apa.


viernes, 28 de octubre de 2016

Las lecciones del abuelo. Primera parte

Esta noche, voy a vivir un momento muy especial. Y quiero compartirlo con aquellos quienes me seguís a través de este medio. Hoy la sencillez de este blog, contrasta con el enorme honor que me han concedido. Un pueblo de mi Comarca, y al que le tengo muy especial cariño, ha decidido convertirme en el Pregonero de sus fiestas. Aún no sé por qué motivo, pero tengo claro, que lo que allí voy a vivir esta noche, sí que quiero compartirlo con vosotros....



Buenas noches a todos y todas.

Autoridades, vecinos de Cabeza la Vaca, vecinos de la Comarca de Tentudía y de otros lugares, familiares y amigos...sentíos como en casa, tal y cómo yo me siento hoy aquí.

- En primer lugar, y como en cualquier pregón, es absolutamente necesario por mi parte agradecer a Rosa, la alcaldesa, y a toda la Corporación Municipal, el que me hayan designado para inaugurar esta XI Edición de la Feria de la Castaña. No sabéis el tremendo honor que es para mí, el poder abrir esta Feria, dónde podemos decir, que se ha convertido en la Fiesta Grande del Pueblo.

- Y es que la vida, queridos amigos, bien lo sabéis, sería insoportable si no tuviéramos fiestas. La fiesta es el momento de la ruptura, esa que nos permite desconectar del tedio de nuestra vida cotidiana. El momento de disfrutar y comunicarnos con los nuestros, de trabar nuevas amistades. Olvidar un poco lo que hacemos el resto del año. Dónde la alegría no tiene más límites que el del respeto a los demás. De mezclar placeres entre las preocupaciones. Es una pausa en nuestra incesante actividad. Y ha llegado el momento de que comience esa pausa.

- Y eso sí, que mejor momento para hacerla que en esta bonita fiesta que cada año va a más. Yo nunca me pierdo la Feria de la Castaña; más de uno sois testigo de ello. Anoche, que estuve aquí escuchando la charla de Antonio de la cooperativa Al-kasera, en que otro amigo de aquí me saludó, y me dijo..."Hombre Jesús, que me he enterado que este año eres el pregonero de la Feria. Que digo yo, que menos mal que los pregones son el primer día, porque si fueran el último, no quiero pensar de cómo llegarías y en qué condiciones....".

- Pero realmente, el que esta feria sea tan magnífica como es, tiene su eco en todos aquellos que la hacen posible. De ahí, que en segundo lugar, agradecerle también a esta Corporación y a quienes trabajan en la Feria (personal del ayuntamiento, empresarios de los distintos sectores, hosteleros, voluntarios, etc...) que hacen posible que se desarrolle año tras año. Que si bien para nosotros van a ser unos días festivos, para ellos serán unos días de mucho trabajo, mucha actividad y poco descanso. Sin lugar a dudas, y al menos por unos días, son los que "nos sacan las castañas del fuego", para que disfrutemos en alegría y júbilo de estas fiestas. Es mi deseo que todo se desarrolle bien, y al acabar la Feria sintáis, con la traca final, la satisfacción del trabajo bien hecho.

- Excusadme si no hablo de mí; con la presentación de Rosa es más que suficiente. Hoy el protagonista no puedo ser yo. El actor principal de esta jornada no es otro que el pueblo. Yo sólo vengo a dar el pregón, que por si no lo sabían, la palabra pregón proviene del latín "Praeconium". Promulgación o divulgación que se hace en voz alta y en lugar público de una noticia, aviso o hecho que conviene saber a todos.

Así que antes que os diga lo que aquí vengo a contaros, sí quiero pediros que me permitáis que me dirija a ustedes, como un cabezalavaqueño más. Porque ondeando en vagos recuerdos, que se me vino a la cabeza, que era yo muy pequeño cuando visité por primera vez este pueblo y en compañía de mi padre. Recuerdo que estuve en el Mesón Taurino, y también quiero recordar pasear por algunas de estas calles. Era la primera vez que salía de mi pueblo hacia otro, y tengo total certeza, que desde ese momento nació mi amor a este lugar. También a esta Comarca.

Pero el principal sentimiento que me llega, es que Cabeza la Vaca, mantiene esa esencia de "pueblo", tan difícil de conservar hoy en día, con todo lo que ello conlleva. Después muchas otras visitas vinieron y fui descubriendo todo lo mejor de aquí. Hoy mi trabajo me permite disfrutar a diario de esta tierra y sus gentes.

- Así que cuando Rosa me llamó por teléfono para pedirme que quería que estuviera aquí esta noche, contesté sin pensarlo un segundo. Es un grandísimo halago y un honor para mí, que ni tan siquiera soy del pueblo. Pero qué cierto es eso que dicen, que "no eres de donde naces, sino donde paces".

Pero más tarde, y pasado un tiempo después de colgar el teléfono, pensé..."menudo lío en el que me he metido".

Mi duda, no era otra que saber si sería capaz de reflejar y transmitir en unos pocos folios el cariño, la alegría y emoción que se agolpó sobre mí. Así que debo intentar creer en la palabra como vehículo de los sentimientos. 

Un día dijo Camilo José Cela que exteriorizar la emoción es signo de mala educación. Más tarde rectificó para decir que la emoción es precisamente la manifestación de que uno tiene sentimientos. Yo no puedo evitarlo. Creo que no podría hoy hablar aquí sin emocionarme. pero aún así, disculpadme si esto ocurre.

- Lo cierto y verdad, que no sabía muy bien como enfocar este acto; qué contaros y cómo hacerlo. Porque uno puede ser muy valiente, pero cuando se trata de hablar, se trata de transmitir un mensaje que al menos llegue y quede en el recuerdo. Han pasado muy buenos pregoneros por aquí, y los he visto casi todos, así que poco tendría que decir que ya no se haya dicho.

Pero lo cierto es que la soledad a que me obligó este pregón, espoleó mi nostalgia e hizo que vinieran a mi mente recuerdos y sentimientos muy intensos. Todos, os puedo asegurar, relacionados con la vida en el pueblo. En este pueblo, o en cualquier otro pueblo de nuestra Comarca, hermano de éste. Sigo pensando a día de hoy, que quedarme en el Territorio fue la mejor decisión de mi vida, pues tuve otras opciones.

Me siento unido a esta tierra, pues noto mis raíces en ella.

Y es posible que vivir en el pueblo haya sido hasta época no lejana una carga que pocos hemos soportado, y sigue siendo difícil por las condiciones de trabajo y de futuro. Y sé que una misma inquietud sacude los pueblos; el porvenir de nuestros hijos en ellos. Y quien dice hijos, dice sobrinos y nietos. Pero los que permanecemos en él, vamos logrando hacerlo más habitable, acogedor y próspero. Y los que han tenido que marcharse, creo que siempre le han reservado un lugar en el corazón y en su pensamiento.

Porque el pueblo, los pueblos, conservan todavía la identidad del hombre con la naturaleza. El pueblo es reserva de una vida más humana, más próxima a las otras personas, más fundida con las raíces de cada uno. El pueblo no desprecia la técnica y el progreso, pero no permite que éstos lo anulen y lo desborden. Conserva la posibilidad de que seamos dueños de nuestro tiempo, de nuestra historia, y me atrevo a decir que hasta de nuestro destino. Creo que estamos redescubriendo las ventajas de vivir en las zonas rurales. Hoy quien no tiene un pueblo, se lo busca.

Encontré en Cabeza la Vaca y sus gentes, un manantial de cualidades que se dejaban ver en sus actos diarios y sencillos, esos que quedan ahí; improvisados, que no se publican en ningún lado, pues salen del día a día de sus gentes. Esas pequeñas cosas que te llegan y te marcan. Que las acaricias, las doblas bien, y las colocas en tu equipaje íntimo que tan bien guardas. 

Porque aquí encontré gente trabajadora, humilde, honesta y sencilla; gente sin dobleces. Un pueblo con tradiciones, gastronomía, aire puro, y con una filosofía que desborda un remanso de paz en la vertiginosa vida de hoy. Un pueblo que ha sabido escuchar a la tierra y que ha sido agradecido con la naturaleza. Y ésta, con él. 

Tiene Cabeza la Vaca un clima duro y frío en invierno. Un clima que ha templado el carácter del cabezalavaqueño haciéndolo reflexivo, amable, hospitalario a la vez que serio y puro, como el aire de la Sierra. Gente de corazón noble y espíritu tenaz. Que no se deja llevar por el ritmo frenético que deshumaniza, sabe regresar, de cuando en cuando, a la placidez de un pasado de cosas buenas y así perpetuar a sus descendientes.

Y tiene Cabeza la Vaca en su primavera un clima de una tez cálida y alborotada. Un clima que ha templado a la mujer cabezalavaqueña, siendo la mayoría de las veces la auténtica protagonista. Porque aquí, la mujer nunca ha sido algo, siempre ha sido alguien. Sus virtudes la entroncan en la esencia misma del pueblo, sin perder nunca, ni como madre, ni como esposa, ni como trabajadora ni como persona, el lugar tan importante que le corresponde en la vida.

-- Y todo esto, lo pensaba hace unos días, mientras daba un paseo por la montaña, por la zona conocida como "La Sangría". Y claro, pensaba en que Cabeza la Vaca tiene una bonita y sencilla historia, que a veces he ido descubriendo con emoción y cariño. Es agradable conocer la vida de nuestros antecesores, porque son ellos precisamente los que siempre han querido cuidar y mimar la historia, que en definitiva, significa cuidar y regar sus raíces.

Y como os decía, en ese paseo, decidí bajar al pueblo por la carretera de Tentudía, caminando pausadamente, tratando de encontrar la inspiración para este pregón. Hacía un día hermoso y lucía el sol de manera radiante en su punto más alto. Los castaños, pinos y robles, se encargaban de decorar lo que mi vista alcanzaba. Entonces, alguien llamó mi atención, y me dijo...

"¿Se puede saber dónde te metes?. Desde luego que eres mi nieto más despistado. Vengo llamándote desde que salí de la Era Garrido...", me decía aún estando lejos.

-- Este señor ha debido confundirme con su nieto --, pensaba yo, mientras el hombre, de unos setenta y pico años, avanzaba hacia mí montado en su mula.

Antes de mediar palabra, y ya a escasos metros de mí, volvió a decirme;

" ¿Es que no escuchas las voces y silbidos de tu abuelo?. Te recuerdo que soy yo el sordo, y no tú".

La cara del señor me resultó agradable, así como su ocurrencia. Y pensé que, como nunca llegué a conocer a ninguno de mis abuelos, decidí seguirle la corriente, y sacarle algún partido a aquella situación.

"Perdóname abuelo. Andaba pensando en mis cosas y no te escuché. Además, con estos paisajes, es difícil poner la atención en otras cosas; mi sentido del oído queda anulado en favor del de la vista."

Ya cuando se puso a mi lado, montado sobre su mula, y habíamos recorrido algunos metros, decidí preguntarle....



"La Sangría", Cabeza la Vaca, 28 de octubre de 2016. Fotografía de Jesús Apa. 



viernes, 21 de octubre de 2016

La princesa y el dragón

El dragón volaba cuál espíritu libre. Era ligero y se movía por los cielos con soltura. Al contrario de lo que se pudiera pensar, para los habitantes de aquel pueblo les era alguien familiar, pues estaban acostumbrados a su presencia desde bien pequeñito. Además, aunque era un dragón poderoso, parecía discreto y amable.

Sus buenas acciones incluso habían derivado a que el pueblo, cierto que siempre con respeto, pero que confiaran totalmente en él. Planeaba por encima de las casas y ayudaba con su sombra a refrescar aquellas tardes de verano. En cambio, en el frío invierno, hacía lo propio gracias a sus poderosos fogonazos de fuego, que calentaban el ambiente.

Pero un día observaron que el dragón llevaba largo rato posado sobre una gran piedra en la ladera que llegaba a lo alto del pueblo. Todos los habitantes de aquel lugar miraron hacia arriba por la llamada de atención del dragón, que comenzó a batir enérgicamente sus alas. De repente, con una poderosa voz, dijo para el asombro de todos; "Soy un príncipe y por eso que deseo una princesa".

La sorpresa fue brutal, y todo el pueblo se estremeció ante aquello. Se extrañaron por ese momento de cólera, aunque después de comentarlo entre ellos, todos pensaron que tal vez el dragón tenía en su interior un príncipe, y también tendría derecho, de ser merecedor de encontrar una princesa con la que compartir todo el amor que quizás tuviera guardado durante tanto tiempo.

Un murmullo recorrió todas las calles del pueblo, animando a que alguien pudiera complacer al dragón, no vaya a ser que saliera toda su furia y ocurriera lo que nadie quería que pasara. Ante la sorpresa de todos, fue una dulce y guapa chica, la que dio un paso al frente, y subiendo ladera arriba, se dirigió hacia el dragón. Éste, empezó a mostrarse impaciente porque llegara a lo alto de la colina, esa atrevida chica que se estaba aventurando a ser su princesa.

Al llegar a su encuentro, el dragón se mostró entusiasmado por su suerte, se agachó, y así facilitó que la chica subiera por su cuello, y ambos se elevaron con un batir de alas delicado, contrastado con la robustez de aquel poderoso animal.

Ahora, era común verlos planear por encima de las casas a los dos juntos. El dragón se mostraba orgulloso mientras la chica iba subida sobre su lomo, agarrada a su cuello, y se sentía realmente como un príncipe que había conquistado a la princesa más bella del lugar, y la cual era la envidia de todas las demás chicas. Reían y se divertían con las habilidosas acrobacias del dragón sobre el aire.

A la chica en un principio le costó acostumbrarse a aquello, pero poco a poco, comenzó a confiar y sentirse tranquila y cómoda encima de aquel dragón, ahora convertido en su príncipe. Y en todos sus vuelos, ella saludaba a sus amigos y amigas, mientras le indicaba cariñosamente al dragón por dónde debía volar, para el disfrute de ambos.

Pero un día, en uno de los muchos vuelos que realizaban de aquella manera, el dragón se mostró inquieto. Es como si algo raro hubiera visto ese día, aunque en realidad fue un día como cualquier otro. El dragón comenzó a planear de manera peligrosa, y la chica sintió miedo. Cuando ésta se lo recriminó, él le dijo que había tenido un mal día; aquello no ocurriría más.

Y fue al poco tiempo de aquello, que en uno de sus paseos al lomo del dragón, en el recorrido habitual por las calles del pueblo, y mientras la chica saludaba a uno de sus amigos, que el dragón hizo una brusca maniobra, que provocó que la chica casi cayera al suelo. Consiguió milagrosamente agarrarse, recriminándole de nuevo tal acción, aún subida encima de aquel, (ahora sin saber por qué), enojado dragón.

Tras muchos ruegos por parte de la chica, al fin el dragón consiguió posarse por detrás de la ladera. Y justo mientras ella, siempre de manera educada y correcta, trataba de pedirle explicaciones, sin qué ni por qué, el dragón abrió sus alas, cogió impulso, y escupió contra la chica una gran bocanada de fuego.

En esas que la chica, sacó de atrás suya un escudo que llevaba guardado, y lo usó a modo de protección. El fuego chocó contra el escudo, y giró en la dirección del dragón, que salió huyendo herido por su propia llamarada. Suerte que aquella chica era precavida y había podido desconfiar a tiempo de su actitud.

Cuando la chica, ya fuera de toda corona que le pusieron, regresó al pueblo y todos se preocuparon por lo que había acontecido, alguien le preguntó, cómo había ocurrido aquello, aquel ataque, si parecía que era un dragón dulce y educado, distinto a cualquier otro. A lo que ella contestó, que efectivamente lo era, pero fueron sus inseguridades las que provocaron ese comportamiento en él.

Aún así, volvieron a preguntarle, que desde cuando había pensado en llevar ese escudo, escondido misteriosamente en su espalda. Fue una acción muy precavida por su parte, porque a pesar de su enorme aspecto, para ella había sido un dragón, pero con un príncipe en su interior. A lo que ella, volvió a contestar;

"Cuando en alguien aparecen los celos injustificados, pueden ocurrir estas cosas. Es entonces, que son esos príncipes los que llevan dragones en su interior...."


Imagen libre en la red. Fuente de Cantos, 21 de octubre de 2016.







        

viernes, 14 de octubre de 2016

Esta es la historia de un viaje

Hace ya algún tiempo que decidí no ver las noticias en televisión. Apenas si leo la prensa, (salvo cosas relacionadas con intereses para uno mismo), y de la radio, que siempre me ha fascinado, además de la música, digamos que ya solo trato de escuchar aquellos programas que hablan de asuntos "normales", o al menos, que aportan cosas positivas. Porque ya no hay noticias buenas; todas son malas. Y para alguna buena que pueda haber, debes atender antes cien terribles, así que prefiero no probar suerte.

En estos medios, y casi que por sistema, las noticias de primera plana y con las que abren cualquier programa, son las catastróficas, las de desgracias, hasta me atrevería a decir, que las morbosas. Entonces evitar prestarle atención a estos medios, es como ir por la vida sin tener noticias, que por otro lado ya te las ves venir. Así que vivir "bajo la ignorancia" de éstas, parece que hace que vivas algo más feliz.

Pero no hace mucho escuché la noticia sobre el fascinante viaje de una niña. Más que fascinante, diría que extraordinario, además, en el más amplio contexto de la palabra. Porque aunque parezca increíble, ésta es una historia real; la historia de una joven que decidió embarcarse en una grandiosa aventura. Y aunque para algunos se trate de una hazaña, es un gran ejemplo de valentía y superación, más que de otra cosa.

Esta adolescente de 17 años, de origen sirio, decidió emprender un duro y largo viaje, pero no menos duro, (pensaría ella), que el motivo que propiciaba ese viaje, porque se trataba de una huida; huir de la guerra. Pero ella lo quiso convertir en una aventura, a la cual, le acompañaría una de sus hermanas, pues Nujeen Mustafa, que así se llama la protagonista de esta historia, es la pequeña de nueve hermanos.

Digamos que hasta aquí todo normal, si consideramos como "normal" que miles de sirios tengan que abandonar su país huyendo de la guerra, dejando atrás a familiares y amigos, para buscar un futuro mejor, que no siempre encuentran. Pero esta consideración de ver como "normal" una noticia de este tipo, es lo que ha provocado lo que antes mencionaba, que dado que todas las noticias son malas, éstas llegan a convertirse en historias a las que apenas si prestamos atención, entre otras cosas, porque poco nos afectan. Se convierten en tan repetitivas, que pasan desapercibidas por nuestra mente, o esfuman a los pocos segundos.

Pero la historia de esta joven, tiene su particularidad. En ese viaje, y como anécdota gratificante para ella, y en uno de los tramos del mismo, que hacían en un pequeño barco, una persona preguntó si alguien hablaba inglés, pues se necesitaba en aquel momento de un traductor. Nujeen respondió afirmativamente para ofrecerse, orgullosa de servir de ayuda. Pero esa iba a ser la primera vez que hablaría inglés, pues lo había aprendido viendo la televisión, principalmente series americanas. 

Pero lo cierto y verdad, es que esta joven aprendió inglés casi a la fuerza, pues nunca salía de su casa, un pequeño apartamento de Alepo, en un quinto piso sin ascensor. Ni tan siquiera pudo ir al colegio, con lo que tampoco tenía amigos. Aunque hasta eso para un niño sirio es "normal". Pero aquí va lo especial de esta historia.

Y sería una historia más, si no fuera porque Nujeen Mustafa padece espasticidad en sus extremidades, un trastorno motor del sistema nervioso por el que algunos músculos están permanentemente contraídos. En resumidas cuentas, que su enfermedad le impide caminar. Esto quiere decir, que todo su viaje lo hizo sobre una silla de ruedas, empujada por su hermana, quien le acompañó en todo el trayecto. La odisea de la travesía de ambas, les llevó 13 meses, teniendo que atravesar Turquía, Grecia, Macedonia, Serbia, Croacia, Eslovenia y Austria, más de 5.700 kilómetros, para llegar a Alemania y encontrarse al fin con otro de sus hermanos. 

Un viaje para huir de la guerra y poder llevar una vida, ahora sí, normal. Recorriendo gran parte de Europa, y en el que se unieron algunos voluntarios para empujar su silla, y ser de algún modo partícipes del afán de triunfo y optimismo de esta valiente chica. Porque la historia de Nujeen es un ejemplo de superación, de una gran capacidad de derrotar a lo imposible, y de borrar el NO con un SÍ rotundo. Nuestra capacidad de superación va unida a la voluntad de cada uno de no aferrarse nunca a la derrota y sacar músculo incluso cuando más débil se está, con el objetivo de luchar por tus sueños.

Aunque no sabría decir si, después de escuchar esta historia, me quedo con que es una noticia buena; quiero pensar que sí. Al menos Nujeen tuvo su premio; ¡cuántos quedaron en el camino!.

Lo que sí es cierto, es que esta es una historia real. La historia de un viaje, aunque, ojalá nunca lo hubiera sido....







Imágenes de The Guardian. Fuente de Cantos, 14 de octubre de 2016.



      


viernes, 7 de octubre de 2016

Tengo prisa

Y es ahora, que ha pasado cierto tiempo, que puedo mirar atrás para ver y disfrutar todo lo vivido. Recordar cómo ha sido y qué he sentido, buscando en los errores que me hicieron más sabio; sobre todo más sencillo. Porque quizás debió ocurrir todo aquello cuánto pasó, que me hizo decidir salir en busca de los mejores días de mi vida. Y sigo buscando, pues debe haber muchos más, no me cabe duda...

Tengo prisa por hacerlo, y que por mirar atrás, pueda tropezar con alguien, y a ser posible que sea una persona como tú. Por caer contigo cien veces, y otras tantas levantarme. Pisar los charcos y mojarme, para que luego seques mi ropa..., y así no dejes de calentarme. Dormir a oscuras y engañarte, diciendo que no te veo..., y así me dejes tocarte. Y espero que me adores, pero aún no sé tus planes, esos que escribiste con tinta de colores y dejaste en alguna parte. Y cada vez que te pregunto, me acusas de cotilla. Es que estoy seguro de que coinciden, con los que guardo junto a mi cama, en el cajón de la mesilla.

Quizás fue poco lo que aprendí, pero no faltó lo más importante; eso de ser feliz, lo aprendí en el primer instante. Amarme a mí primero, lo apliqué rápidamente, quizás en el minuto cero, y no hace falta que lo entiendas, pero si preguntas para que te responda, tendré que serte sincero. Aunque de sobra sé que hay que racionar el compromiso individual y repartir amor por todos lados, aunque quererse a uno mismo, no es ningún pecado. Te aseguro que la soledad no es tan mala, sobre todo cuando decides, a no esperar de nadie nada.

Por eso que entendí, que mejor no andes de puntillas, ni mires de reojo. Para qué andar con "mijinas", si puedes abarcarlo todo. Así que mira bien, fijamente, pero sobre todo, pisa fuerte. Que quien pisa con firmeza, se le ve venir de frente; deja huellas, y no te deja indiferente. Así que ahora quiero ir bien vestido, digamos que elegante. Pero también con bonita ropa, que le guste a quien tenga delante. Tengo prisa por saborear un nuevo café, y mientras espero, oler otro perfume. Y que cautive mi inconsciente; rezo para que en esa espera, sea el tuyo, y que el café estuviera muy caliente. 

Será que tengo prisa, por cumplir otros cuarenta, y que sean suficientes, para entender en un futuro, y por estar más que seguro, de vivir en el presente. De disfrutar de quien tienes a tu lado, visitando a quien está lejos, y mirar solo al pasado, no más tiempo que a un espejo. Como el consejo que me dieron, que advirtiendo del destino, lleva mucha certeza.... "Recorre a menudo la senda que lleva al huerto de tu amigo, no sea que la maleza, te impida ver el camino". Así que cuando llegues, dime algo que no sepa, que me agrade o no me guste, pero dime que te quedas; no te vayas ni me asustes.

Cicatrices no me faltan, y aunque pasaron muchos años, provocan que me cuide, con el daño que causaron, incluso estando en plenitud. Están ahí, y mirar su lado bueno, no hará que las olvides, pero es a veces por las grietas, como entra mejor luz. Es igual que quien teme a las sombras, que no observa lo más evidente, porque éstas no estarían, si no tuvieran una luz presente. 

No sé si pido mucho, pero ya no estoy para secretos. Aunque es cierto que hay algunos, que despiertan mis anhelos. El secreto del amor eterno, el de la paz, el de la conciencia..., podrían ser los mejores, tal vez. Pero quien no desearía descubrir, el secreto de la vejez. Pero antes los primeros, y aplicarlos a la vida. Y amar sin complicaciones, con la conciencia bien tranquila. Entonces tendrías una vida en paz, completa, dichosa y precisa. Dime ahora, si tú no tendrías la misma prisa. Pero sí, querría descubrir el de la vejez, es el mejor, no me equivoco. No sé si pido mucho; igual es hasta poco.

Será que tengo prisa, y voy más rápido de la cuenta, pero pensándolo muy despacio, y si tengo que desear algo, quisiera morirme de risa, cuando tenga más de ochenta. Y dejar pasar más trenes, no es nada temerario, si es un velero de colores, lo que esperas a diario. Pero cuando llegue, rema conmigo. Y rema con ahínco, porque yo tendré cuarenta, pero tú ya no tienes veinticinco.

Tengo prisa, mucha prisa, por eso que voy tan despacio, sobre todo ahora, que he hallado mi gran fortuna. Ahora que he aprendido, que tenemos dos vidas, y la segunda comienza, cuándo descubres que solo tienes una....



Pintura de María Amores. Fuente de Cantos, 7 de octubre de 2016.