viernes, 10 de noviembre de 2023

El agotamiento

He pasado las últimas semanas en un agotamiento que no había conocido nunca en mi cuerpo. Al contrario que otras veces, que he sentido la necesidad de decir, "¡qué cansado estoy!", he tratado de mantenerlo en secreto dentro de mi interior. Doy por hecho que ha sido aún peor, no expresar o manifestar a alguien, que estaba al límite. Sin embargo, me ha proporcionado un aprendizaje un tanto extraño...

Lo curioso, es que siempre he buscado algo que leer sobre cómo evitar el estrés, el esfuerzo, la fatiga..., pero nunca me había dado por encontrar algo que, una vez ya llegas a ese agotamiento, cómo sacar partido de él. Más que eso, es que, llegado a esa situación crítica de agotamiento, cómo sacar partido de el mismo, a pesar de la contradicción que esto pueda generar.

Así, he dado con un tal Jeff Foster, que tras 25 años de depresión y enfermedad, se embarcó en la búsqueda espiritual de la verdad última de la existencia, ayudando a las personas a descubrir lo que realmente son. Y lo que he encontrado interesante en su lectura, es lo siguiente;

 "¡Hay una gran dignidad en tu agotamiento! No te apresures a asignarle alguna patología o a intentar hacer que desaparezca, pues puede contener una gran inteligencia en su interior e incluso alguna cura, algún remedio que pudieses necesitar.

Amigo mío, has recorrido un largo viaje desde las estrellas. Ahora, inclínate reverencialmente ante tu agotamiento. Deja de luchar contra él.

No hay ninguna vergüenza en admitir que ya no puedes seguir adelante. Incluso los más valientes necesitan descansar.

Porque aún queda por delante todo un viaje, toda una aventura . Y vas a necesitar todas tus fuerzas para emprenderlo.

Ven, siéntate aquí, frente al fuego de la Presencia. Deja que tu cuerpo se relaje. Déjate caer en el silencio de este momento. Olvídate del mañana, no te preocupes por lo que aún te falta por recorrer, sumérgete en la calidez de esta noche.

Todas las grandes aventuras son alimentadas por el descanso.

Tu cansancio es sagrado, amigo mío, y contiene un poder sanador... si tan solo te paras a escucharlo...".

Mi conclusión a todo esto es que, sin de tus peores momentos, no acabas aprendiendo algo más sobre ti, es que ese esfuerzo, no ha merecido la pena...

Marbella, 10 de noviembre de 2023. Imagen libre en la red.


viernes, 3 de noviembre de 2023

Entre el desierto y la montaña

Entre el desierto y la montaña, el cielo es el mismo para todos. Y ahí, donde los de cada bando miran e imploran a diario, ahora solamente pueden verse los destellos de los bombardeos. Las ametralladoras buscan la muerte sin importarles cualquier rastro de inocencia. Luego suele haber un silencio hiriente que ocupa el espacio de las almas.

"Between the desert and the mountain, the sky is the same for everyone. And there, where those from each side look and implore daily, now only the flashes of bombings can be seen. Machine guns seek death without caring about any trace of innocence. Then there is often a piercing silence that fills the space of souls.

Se escuchan sollozos y las lágrimas bañan los pómulos sepias de las mujeres. Gritos de muerte cabalgan en esas tierras de oración y fe. Y entre el desierto y la montaña, en ese mismo cielo, Mahoma y Moisés se miran incrédulos...

Sobs are heard, and tears bathe the sepia cheeks of the women. Cries of death ride through those lands of prayer and faith. And between the desert and the mountain, in that same sky, Muhammad and Moses look at each other in disbelief..."



Marbella, 3 de noviembre de 2023. Imagen libre en la red.

 

viernes, 27 de octubre de 2023

Microcuento; la desconexión

De haber tenido algún contenido, aquel cuento podría haber servido para ilustrar las largas noches de invierno. A buen seguro, sería para todos los públicos, con una fábula o un aprendizaje detrás, pero se trataba de un cuento sin texto, algo así como un paréntesis abierto en mitad de aquella noche lluviosa cuando tomó la palabra el abuelo frente al fuego.

En los último tiempos, no era habitual en él verlo tomar la palabra, o decidirse a deleitarnos con alguna historia pasada, pues de una parte acá, su silencio había sido atronador, justo como el rayo de luz que emitió aquella tormenta, antes de que se decidiera a volver a tomar la palabra;

"Había una vez, en un lugar muy lejano, un..."

Sin embargo, vino la luz y la red wifi conectó de nuevo nuestros teléfonos. El abuelo calló, como lo había hecho en los últimos tiempos, y no hubo manera humana de sacarle una palabra más hasta el final de sus días. 

La conexión, volvió a desconectarnos...


Fuente de Cantos, 27 de octubre de 2023. Imagen libre en la red.


viernes, 20 de octubre de 2023

El aroma del café

Me gusta mucho la gente positiva, optimista, que tratan de afrontar una adversidad de la mejor manera posible. Aquellas personas que procuran buscar siempre una solución e, incluso en los momentos de mayor infortunio, tratan de dar lo mejor de ellos mismos. Y no es cosa fácil pues, la entereza de las personas también va a veces determinado por su entorno, por el momento actual de su vida.

Pensando en cómo podría explicar eso a mi hija, me vino a la cabeza esta hermosa parábola sobre todo eso y el café...;

"Una hija se quejaba a su padre de las dificultades que encontraba en su vida. No sabía cómo seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. Cuando el agua de las tres ollas estaba hirviendo, en una colocó zanahorias, en otra huevos y en la última, granos de café.

Las dejó hervir sin pronunciar palabra. Su hija esperó con impaciencia, preguntándose qué pretendía su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las dispuso en un bol. Sacó los huevos y los colocó en un plato. Finalmente, coló el café y lo puso en una taza. Mirando a su hija le dijo:

—¿Qué ves?

—Zanahorias, huevos y café —fue su respuesta.

Le pidió que se acercara y tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Era un huevo duro. Le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente, la hija preguntó:

—¿Qué significa esto, padre?

Él entonces le explicó que los tres elementos habían sufrido la misma adversidad: el agua hirviendo, pero habían reaccionado de forma distinta. La zanahoria estaba dura antes de llegar a la olla pero después de pasar por el hervor, se había vuelto débil y fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido, pero tras someterse a las altas temperaturas, su interior se había endurecido. Los granos de café, sin embargo, eran únicos: después de cocerse, habían dado al agua lo mejor de sí mismos.

—Cuando la adversidad llama a tu puerta —preguntó a su hija— ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando el dolor la toca se vuelve débil y pierde su fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, con un espíritu fluido pero después de una muerte, una separación o un despido te vuelves dura y rígida? Por fuera te ves igual, pero... ¿eres amargada y áspera, con un espíritu y un corazón endurecidos? O ¿eres como un grano de café? El café cambia al agua que hierve, al elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen mal, harás que las cosas a tu alrededor mejoren".


Fuente de Cantos, 20 de octubre de 2023. Imagen libre en la red.


viernes, 13 de octubre de 2023

Sobre el dolor

El dolor se presenta ante nosotros durante toda nuestra vida y de muchas maneras diferentes. Tratamos a toda costa de evitarlo, pero no siempre es posible. A estas alturas, posiblemente todo el mundo conoce las diferentes formas de dolor y cómo afrontarlas. Pero al cabo de los años, hay nuevos dolores que se manifiestan y que no sabíamos que pudieran hacerlo de una forma tan intensa. Y esto a lo que me refiero, lo he sentido precisamente hoy...

Antes de nada, diferenciar distintos tipos, y dejar constancia que el dolor físico, suele ser el más olvidadizo con el paso del tiempo. Sabemos cómo es un dolor de muelas, pero tenemos que pensarlo mucho para recordar aquella vez que lo sufrimos. El dolor que nos produjo aquella caída en la bicicleta; el que recibimos con un golpe fortuito e inesperado y que nos abrió la ceja y quedó su cicatriz. O el dolor desesperante de cabeza que hemos sentido en alguna resaca.

Está el dolor que no es físico, y que normalmente perdura más en el tiempo. El mayor dolor, por supuesto, es por la pérdida de un ser querido. Se manifiesta en una tristeza irreparable, insostenible, que nada ni nadie puede remediar, al menos por un largo tiempo. El dolor de  una decepción, suele quedar en nuestro interior también por mucho tiempo, aún perdonando. O el dolor de una frustración, después de sufrir para intentar conseguir algo, y darte de lleno con el fracaso.

Dentro de este dolor no físico, también está el que recibimos por un desamor, aunque pienso que nada tiene que ver con lo expresado anteriormente. Aunque un fracaso amoroso tiene su angustia, es la forma dolorosa menos duradera que existe. Porque, aunque lleva consigo una parte de decepción, de frustración o fracaso, suele curarse con una nueva ilusión. Por muy doloroso que haya sido, pienso que puede asemejarse a ir por un campo de minas; a pesar del riesgo, hay quien prefiere saltar por los aires a estar soltero.

Pero esta mañana he sentido un dolor agudo que desconocía por el momento; ha sido al ver sufrir a mi hija. Por mucho dolor que haya sufrido anteriormente en mi vida, éste ha sido totalmente nuevo y punzante para mi. Inmediatamente he sentido un gran sentimiento de protección, más si cabe, del que de forma natural, adquiere un padre para con sus hijos.

Ha sido entonces, cuando he entendido eso que dicen que, "somos el dolor, que hemos decidido curar..."


Marbella, 13 de octubre de 2023. Imagen libre en la red.



 

viernes, 6 de octubre de 2023

El infierno

Despertó mirando hacia arriba y abriendo los ojos como hacen las muñecas de trapo. Llevó su mano a la bolsa de la camisa para tocar la cajetilla de cigarros, y percibió un olor a pompas de jabón; una melodía de chelos y violines llegaba de lejos.

Condujo sus manos a la cara, palpó su cabeza, y tuvo plena conciencia de que la barba y su coleta habían desaparecido. Incluso se sentía limpio, sin olor al alcohol agrio de la noche anterior. Miró la blancura de las paredes, la perfecta disposición simétrica de los objetos y a través de la ventana había un cielo moteado de nubes; un pasto mullido que serpeaba bajo los árboles y que invitaba a la meditación.

No era su acomodo, así que cerró los ojos, apretó la cabeza desesperado y comenzó a gritar. 

¡Qué mierda de lugar es éste. Que alguien diga algo. Quiten el silencio y que vuelvan a sonar los bullicios, las copas, la gente del bar; la música heavy y rock....! De lo contrario, prefiero morir!

-- Estás muerto --, dijo una potente voz.

"Entonces, ¡mándame al infierno!.

-- En el estás. En la muerte, al igual que en la vida, no todo es como parece... --


Fuente de Cantos, 6 de octubre de 2023. Imagen libre en la red.


viernes, 29 de septiembre de 2023

Microrrelato; amarga despedida

Conocí a Luis Ramón cuando apenas mudé mis dientes. Un tipo serio y discreto, pero con una inteligencia y sentido del humor al alcance de pocos. Cuando en mi adolescencia salí del pueblo, pensé que no dejaría nada atrás que fuera a echar de menos, excepto a Luis Ramón. 

Cada vez que volvía en verano, no dudaba en ir a visitarlo a la discreta casa que tenía a los pies de la loma. Nos saludábamos de forma cortés, sin excesivos cariños, más que tocando la punta de nuestros dedos. Ahí sentados, en el quicio de la puerta, degustaba con él todas las tardes de una agradable conversación y un café amargo. Era un tipo que vivía como quería, trabajaba en lo que deseaba y lo hacía con pasión, y nunca jamás lo escuché quejarse por algo.

"El café debe ser acre, amargo, solo así podrás aprender a degustarlo pausadamente", me decía ante mis quejas por aquel fuerte sabor, al que nunca llegué a acostumbrarme.

Como decía, mi retorno al pueblo, siempre era en verano, pero ese invierno, tuve que hacer una excepción. Esa mañana entraban y salían de la casa del anciano amigos y familiares. Escuché que deseaba despedirse de sus amigos porque mañana por la tarde moriría.

Lo encontré sonriendo, limpia la mirada y con su mejor traje, negro e impoluto. El olor de los enfermos terminales es evidente. La muerte se huele; yo no la olía. Estaba recostado sobre una almohada. Lo saludé a su usanza: tocando la punta de sus dedos con los míos. No sabía qué decirle y él fue quien rompió el silencio. Me miró sereno y me dijo:

"Voy a morir. Lo tengo previsto. Ya he mandado donar todas mis pertenencias. Me iré limpio del corazón y de la conciencia, el padre ya me confesó".

—No te vas a morir — le respondí.

Lo veía tranquilo. No tenía signos atrevidos de enfermedad.

"Así está dispuesto. Ya sé en qué lugar quedaré. Escogí en lo alto de la loma, para que mire hacia mi casa".

El cementerio tenía una parte en la loma. Desde allí, su casa era visible.

—No te vas a morir, no todo sale como uno piensa. Verás que mañana tomaremos café y retomaremos nuestra última charla. — Y me despedí con respeto, pero con un miedo terrible.

Nunca supe qué sucedió. El anciano habló de la muerte como si fuese parte de la vida, como decir mañana haré esto y lo otro. Cierto, murió en la madrugada, claro de conciencia, con su traje impoluto, con un adiós pendiente, y está enterrado en la loma, mirando hacia su casa a la que volverá cada año.

Y yo, me siento un cobarde, por evitar una amarga despedida, tanto más, que aquellos cafés...


Fuente de Cantos, 29 de septiembre de 2023. Imagen libre en la red.