viernes, 26 de enero de 2018

La gran silla de Dios

Ese lugar solo estaba en el camino hacia mi destino, pero no podía perder la ocasión de visitarlo, ya que se comentaba mucho por esa zona y cualquiera se sus habitantes conocía la historia que había detrás. Se trataba de una gran silla, situada en medio de la calle principal del pueblo; una silla un tanto especial y, aunque nadie aún la había ocupado, todos respetaban a quien pertenecía. 

Sin saber por qué, les causaba un profundo respeto la persona que estaba detrás de todo aquello. O quizás sería por indiferencia a quien, todos los días al caer la tarde, justo cuando el sol muestra sus tonos más anaranjados, iba junto a la silla a esperar pacientemente que llegara aquel quien se sentaría en ella, quien iba a ocuparla para siempre...;

Era una silla enorme, aunque con la forma de una silla como son todas, con cuatro patas, un asiento y un respaldo, más debía estar fabricada para que fuera ocupada por alguien de muy grandes dimensiones.

-- ¿Busca usted algo? --, me dijo aquel señor que, debajo de la gran silla, se mostraba un poco incomodado con mi ya duradera presencia.

"No, no busca nada exactamente, disculpe si lo he molestado. Solo que soy de fuera, y he venido por curiosidad a ver esta silla. De donde vengo no es muy común ver sillas tan grandes, más también me he sentido atraído por la historia o lo que dicen de ella".

-- ¿Ah sí? ¿Y supongo que también lo que dicen sobre mí, no? -- preguntó algo orgulloso aquel señor que pacía bajo la enorme estructura.

"Sí, claro, siempre que se trate de usted del que dicen, que todos los días al caer la tarde, viene a esperar a que venga alguien muy especial a ocupar esta silla. ¿Es así, verdad?"

-- Es así; tal cual --

"Pero, ¿en verdad usted viene aquí a diario, porque espera que esta silla sea ocupada... por Dios?", le pregunté casi incrédulo de formular mi propia pregunta.

-- Sí, justo lo que usted ha dicho --, respondió como la cosa más natural del mundo.

"Es asombroso..., bueno, no sé. Supongo que debe tener sus motivos"

-- Así es, claro que los tengo. Todo el mundo tiene una justificación a todo lo que hace y sus acciones bien esperan unas consecuencias, máxime aún cuando crees firmemente en algo y sabes con certeza que eso sucederá --, me dijo con total seguridad y cordura a sus palabras. Realmente estaba impacientado por saber más... 

"Me encantaría escuchar sus motivos, pero no está usted en la obligación, de verdad que no"

-- Esta será la silla de Dios, aquella que ocupará cuando los pecados del ser humano hayan desaparecido, cuando al fin se pueda ver la caridad de los ricos, la voluntad de los pueblos, cuando ya no exista más la tentación en el mundo. Aún no se sabe cuando la ocupará, más será muy pronto, y será en el ocaso del día, pues ahí habrá finalizado su trabajo y será entonces, que al fin podrá descansar. Y claro, precisará una silla como esta.... Porque ahora no se sabe exactamente donde está, va de un lado a otro sin dejar rastro, tratando de solucionar los problemas del mundo. Pero cuando llegue el momento, Dios se sentará aquí y podrá descansar por siempre, porque ya no tendrá que ocuparse de aquellos que blasfeman, que asesinan, que roban, que cometen faltas contra el amor y la vida...--

"Sí, es justo la historia que yo he escuchado, - le dije aún bajo mi asombro -. Es curioso, o más bien anormal, que alguien construya una silla esperando a que Dios venga a sentarse, ¿no cree usted?".

-- Bueno, solamente un inciso.... permíteme que le aclare algo sobre la historia o sobre lo que usted haya escuchado, y es que la silla no la construí yo. --

"¿Ah no? Pues yo tenía entendido que fue usted"

-- Fueron mis manos, cierto, pero fue por mediación de unos ángeles... Esa es la verdadera historia. Y por cierto, justo ahí enfrente tengo mi taller, dónde prácticamente todo lo que hay en él, ha sido construido de la misma manera, a través de los ángeles. Puede usted comprar ahí cualquier cosa que le interese. ¿Le apetece que lo acompañe y yo mismo se lo muestre? --

Ahí que empecé a entender un poco a aquel señor y todo su propaganda, su marketing...

"Antes de nada, dígame... Cuando eso ocurra, cuando Dios venga a ocupar su silla, ¿ya tiene usted pensado de qué hablará con Él?"

Por su cara de sorpresa, pude intuir que aquella pregunta nadie se la había hecho nunca, o al menos, no se la esperaba en aquel momento...

-- Pues la verdad es que, ahora que lo dice, nunca lo había pensado... ¿tiene usted alguna sugerencia? --, me dijo tratando de salir airoso.

"No, tampoco se me ocurre nada. Pero, no se preocupe, algo se le ocurrirá mientras le enseña su local porque, seguro que a Dios siempre le interesará ver el trabajo que hacen sus ángeles..."


Nova Petrópolis, Brasil. 26 de enero de 2018. Fotografía de Jesús Apa.



viernes, 19 de enero de 2018

El robo de la inocencia

Uno de los primeros libros que cayó en mis manos para leer fue estando en mi etapa inicial escolar, siendo aún muy niño y dónde, la lectura empezaba a convertirse en obligado cumplimiento. Aunque ya ha llovido, no puedo por ello olvidar aquel libro de autor anónimo; El Lazarillo de Tormes. Cuenta en primera persona la historia de Lázaro, un niño de origen muy humilde y que tras morir su padre, un molinero ladrón, fue puesto por su madre al servicio de un ciego. Entre adversidades y algunas fortunas, Lázaro evoluciona desde su ingenuidad inicial hasta desarrollar un gran instinto de supervivencia. Es despertado a la maldad del mundo y adiestrado bajo la inseguridad y desconfianza por la que todo ciego tiene que enfrentarse a la vida.

Como parte de sus historias, y por limar un poco aquel lenguaje escrito y a veces de difícil comprensión, que resumiré un poco la anécdota del racimo de uvas y descrita por el autor en primera persona más o menos así:

"Porque fue que un vendimiador les regaló un racimo de uvas a Lázaro y al ciego para que degustaran. En eso que ambos se sentaron y el ciego organizó como racionarían aquel montón de uvas asido en su propia rama.

-- Ahora quiero yo usar con vos una liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas, y que tomes de él tanta parte como yo. Lo haremos de esta manera; tú picarás una vez y yo otra; con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva, yo haré lo mismo hasta que lo acabemos, y de esta manera no habrá engaño --, quiso aclarar el ciego.

Dicho así, comenzamos; más luego al segundo lance, el traidor mudo de propósito y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él, más aún pasaba adelante: dos a dos y tres a tres, y como podía las comía.

Acabado el racimo, estuvo un poco con la rama vacía en la mano y meneando la cabeza dijo:

-- Lázaro, me has engañado; juraría yo por Dios que tú has comido las uvas de tres a tres --

"No, en absoluto", le dije yo, "más, ¿por qué sospecháis eso?"

-- ¿Sabes por qué veo que las comiste de tres a tres? En que yo comía de dos a dos y callabas --

Después de servir al ciego, habría otros personajes; un clérigo, un hidalgo, un fraile, un mercader..., donde con todos ellos asistirá, unas veces como espectador, otras como protagonista, a cuantas situaciones picarescas habrá de enfrentarse y donde en todas ellas, dejará para siempre un poquito de su íntegra inocencia.

La temática del Lazarillo de Tormes es moral; una crítica agria, incluso una denuncia, del falso sentido del honor y de la hipocresía. La dignidad humana sale muy mal parada de la sombría visión que ofrece el autor. Lo mismo le ocurre a la inocencia, dónde quien aún la conserva, está expuesto a lo peor que ofrecen las personas que habitan este mundo. Un mundo donde la vida es dura y, tal y como aconseja el ciego a Lázaro en la obra, "más da el duro que el desnudo", cada cual busca su aprovechamiento sin pensar en los otros, por lo que, como se dice al principio de la obra, "arrimándose a los buenos se será uno de ellos"; esto es, para ser virtuoso hay que fingir ser virtuoso, no serlo. 

Ocurre lo mismo con el hecho de ser inocente, porque tal y como le pasaba al autor de esta obra, nos sentimos cada vez más desencantados con la evolución sentimental y de valores del ser humano. Los pasos atrás en este sentido son evidentes, alarmantes. Porque cuando todavía se es inocente, implica desnudar el alma, los sentimientos, abrir el corazón y sus intenciones de par en par, y no sé yo si eso es muy recomendable hoy en día.

La inocencia sigue teniendo una enorme importancia, a pesar de ser un término prácticamente descatalogado en una civilización en la que todo tiene precio. Entonces, ¿qué es y qué representa la inocencia? ¿Para qué sirve? Lo primero que se me ocurre es que, envueltos como estamos en la confusión, ser inocente se interpreta en la actualidad como un conflicto entre el hecho de no saber de nada pero querer saberlo todo, digno de piedad o de burla. Pero quien la tiene o lleva, siempre nos la presenta como ejemplo de lo natural, de lo puro.

Hay quienes no dudan en apuntar con el dedo a quien lo es; "¡Ése es un inocente!", y en la expresión flota el sulfúrico del desprecio y la chanza. Para éstos, ser inocentes, pues, es sinónimo de ser un "tonto sin solución". Entonces para éste otro, que se da por aludido y quiere salir de ese concepto, ya solo piensa en ocultar tras su silencio, que busca desesperadamente cruzar el límite que marca la inocencia y el descaro; pasar de la inocencia a la madurez. No, a la madurez no. Quiere tachar la inocencia con actos de desvergüenza, osadía, desparpajo.... Porque no es contraria la inocencia a la madurez, o no me gustaría que lo fuera.

Quiero pensar o así me gustaría que fuera, que la inocencia esté más bien relacionada con la ausencia de la malicia. Es la máxima expresión para coronar y justificar al ser humano. Un estado que parece débil pero que su naturalidad lo vuelve solamente inofensivo. Que huye de la desfachatez y por eso que a todos nos gusta relacionarnos con personas inocentes, porque en su naturalidad, en su aún "virginidad de lo maligno", está la esencia de su persona. 

Es como nosotros cuando lo éramos, que solíamos ser auténticos, nos manifestábamos a cuerpo descubierto, sin camuflajes, sin maquillajes, vestidos de niños, sin complejos. Traviesos y aventureros, despreocupados e insolentes a veces, llenos de huellas reconocibles pues no ocultábamos nada. Y con sombras y luces, claro, pero sin manchar nunca el alma.

La inocencia olvida rápido el mal y es elegante en el aprendizaje que éste deja. Éramos inocentes cuando sentíamos curiosidad y abríamos el telón de nuestras buenas intenciones. Así éramos, así actuábamos. Con nuestra arrogancia acurrucada para sacar solo lo mejor de nosotros. Nuestro amor propio enternecido. Era como vivir con desafío e ingenuidad casi a la vez.

Pero hay a quienes no les gusta y nos someten y casi obligan a desprendernos de esa ignorancia que no hace daño a nadie, al contrario. Hay quienes no soportan que nos pertenezca, y entonces nos la roban, la sacan de nosotros, por eso hemos salido de nuestra inocencia; esta sociedad la ha robado prematuramente.

Estaría muy bien volver al pan y chocolate de los sentimientos, a la fotografía en blanco y negro de las sonrisas, a la incorruptibilidad del corazón. No estaría mal coser los trozos rotos de nuestra inocencia, recomponerla. No estaría mal recuperarla pero, esta vez guardarla bien, cuidarla, protegerla.... y como mucho, enseñarla a quienes tenemos cerca. Como mucho, comer tres uvas en vez de dos, pero solo de puertas para adentro. En la calle, tal vez aún no sea conveniente; sí en cambio, como bien se decía en el Lazarillo con eso de ser virtuoso, "para ser inocente habrá que fingir ser inocente, no serlo"....


Florianópolis, 19 de enero de 2018. Imagen del Lazarillo de Tormes libre en la red.      

viernes, 12 de enero de 2018

Las cicatrices

Todos sabemos o deberíamos saber que hay dos tipos de cicatrices; somos vulnerables a las heridas no solo física, sino también psíquicamente. Quien ha librado batallas, las suyas propias, nunca podrá esconder las marcas que le deja la vida. Y es que hablamos sarcásticamente de las heridas del corazón cuando ya está recompuesto; de las secuelas dejadas por decepciones cuando ya hemos sustituido a ese amigo que las causó. Tratamos de superar aquel accidente evitando volver a él con los recuerdos, deshaciéndonos de éstos ocultando esas marcas, esas cicatrices. Y es que en el fondo, siempre queremos alejarnos de aquello que nos ha marcado, nunca mejor dicho.

Leí hace mucho tiempo un artículo que vuelve a caer en mis manos, y el cual habla de todo esto y cómo se gestionan esas cicatrices dentro de la cultura japonesa, concienzuda y disciplinada con sus enseñanzas. Esta técnica tiene más de 500 años y es conocida como "Kintsugui o Kintsukuroi". Consiste en reparar las piezas de cerámicas rotas y ha acabado convirtiéndose en una filosofía de vida. Cuando una pieza de cerámica se rompe, los maestros Kintsukuroi la reparan rellenando las grietas con oro o plata resaltando de este modo la reconstrucción. 

Mediante encaje y la unión de los fragmentos con un barniz espolvoreado de oro, la cerámica recupera su forma original. Vuelve a usarse pero esta vez con cicatrices decoradas y visibles que han transformado su estética, evocando el desgaste que el tiempo obra sobre las cosas físicas, la mutabilidad de la identidad y el valor de la imperfección.

Este arte japonés de recomponer la cerámica viene de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y, en lugar de ocultarse, deben mostrarse, embellecer el objeto y poner de manifiesto su transformación e historia. Así que en lugar de disimular las líneas de rotura, las piezas tratadas de este modo exhiben las heridas de su pasado, con lo que adquieren una nueva vida.

A veces rellenamos nuestras heridas de rencor, odio, de traumas que nunca nos llevarán a ningún lado, y en la vida, a veces, las cicatrices son inevitables. No tenemos que avergonzarnos de nuestras marcas. No tenemos que taparlas, porque de ellas seguro que hemos obtenido alguna enseñanza. Depende de nosotros que las tratemos con respeto y las embellezcamos.

Se da el caso de que algunos objetos tratados con el método tradicional del Kintsugui, han llegado a ser más preciados que antes de romperse. Así que esta técnica se ha convertido en una potente metáfora de la importancia de la resistencia y del amor propio frente a las adversidades.

Por eso esta filosofía se puede extrapolar a nuestra vida actual, dónde vivimos con tantas ansias de perfección, con tanto ímpetu por aparentar solo lo positivo y agradable, que no nos permitimos mostrar nuestras cicatrices, ni tan siquiera reconocerlas como nuestras. Se ocultan los defectos, aunque desde que nacemos nos recorre una grieta. Pero debemos otorgar más valor a nuestras imperfecciones.       

Cuando las adversidades nos superan, nos sentimos rotos. A veces, es el azar el que nos lleva al punto de ruptura; otras, somos nosotros mismos, con nuestras elevadas expectativas no cumplidas y la avidez de novedad, así somos los que nos metemos en el hoyo.

Pero cada vez más se defiende la teoría de que "la memoria y la imaginación son las mejores armas del resistente". Los seres humanos tenemos una gran creatividad, una poderosa herramienta en la capacidad de concebir alternativas a la realidad. Sabemos pues recomponernos principalmente a través de nuestro amor propio, que está siempre ahí, en lo más profundo de nosotros, pero solo deben darse las circunstancias precisas para que salga fuera. 

Y cuando sale el amor propio, ya no se esconde más. La gente con esta cualidad adquiere un duro carácter, suele acostumbrarse a mirar de frente sus propias cicatrices, no las oculta, a veces incluso, se enorgullece de ellas. El querer desprenderse de las propias cicatrices supone, como poco, no haber vivido o pasado por ese momento que, seguramente, de un modo u otro, te hizo más fuerte. Aprendemos a veces más y mejor de las batallas perdidas que de las ganadas.

Hay que dejarse llevar por todo, entregarse a todo, pero al mismo tiempo conservar la calma y la paciencia. Decía Kafka que "solo hay una forma de superación que empieza con superarse así mismo".

Debemos apreciarnos tal y como somos, rotos y nuevos, irreemplazables, en permanente cambio. Aprendamos a rompernos porque solo así, descubriremos cuántas veces podemos empezar de cero con bellas y doradas cicatrices....




Fuente de Cantos, 12 de enero de 2018. Imagen libre en la red.

viernes, 5 de enero de 2018

Noche de Reyes

Cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:

-¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.

"¡Oh sí!", exclamó Gaspar. "Es una buena idea pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo".

Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:

- Es verdad que sería fantástico pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños.... Lo que haremos será solicitar ayuda a los padres; nosotros recibiremos las cartas que escriban todos los niños que se hayan portado bien durante el año, y sus padres nos ayudarán a cumplir sus deseos....

Siempre he creído en esta historia, llena de ternura e ilusión para los niños. De alguna manera he pensado que hay magia en esa noche de Reyes. Además, la verdadera historia está escrita, yo mismo la he leído:

El evangelio de San Mateo, en su capítulo 2, dice en relación a la visita de los magos...

"Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo...". 

Será por eso que la de esta noche, es una noche especial y dedicada principalmente a los niños. Todo el amor está destinado a ellos, intentando cumplir sus deseos y sueños, donde van también sus ilusiones y su confianza en que, algo mágico, tiene que haber ahí detrás de esa historia, de esa estrella de oriente que alumbró el camino de los Reyes Magos...

"¿Tenés sed, tenés calor?", le pregunta la mujer a una niña que como única respuesta era asentir con la cabeza. Ahí está la pequeña lamiendo un charco de agua en una plaza céntrica de la ciudad de Posadas, en Argentina, bajo un calor sofocante que superaba los 40 grados. Agua quizás en mal estado, podrida. Y nada se sabe de la pequeña, ni como se llama ni cuantos años tiene. Su mamá y hermanos están presentes en la escena, pero no hablan una palabra de español y apenas dicen algunas en guaraní. Todos pertenecen a una comunidad que acude cada día al centro de la ciudad a pedir limosnas.

Al poco tiempo la mujer que hizo la foto, periodista, quiso indagar más sobre la vida de esta niña con el pelo sucio y ropa vieja y cuya acción, la de beber en un charco, encogió su corazón; 

"Los mbyás son una rama del pueblo guaraní repartida entre Paraguay, el sur de Brasil, la provincia argentina de Misiones y Uruguay. La reducción y contaminación de sus tierras, en las que sostenían su modo tradicional de vida, han puesto en peligro su supervivencia. En los últimos años, se ha detectado un número creciente de casos de malnutrición en menores, siendo ellos los más perjudicados"

Normalmente vienen durante el día a pedir limosnas, a mendigar; no tienen ni qué comer ni tan siquiera qué beber. Suelen estar bajo la tutela siempre del cacique que impone una especie de clientelismo con ellos. En este caso, de día mendigan, y a la noche viene a recogerlos su cacique, abuelo de la niña. Su nombre es Reyes.... 

Cuando leí esta noticia, no pude evitar hacer comparaciones. Resulta paradójico lo que para unos la noche de Reyes es especial, para esta niña, Reyes significará pobreza, sumisión, casi esclavitud...

Entonces, decidí seguir leyendo un poco más el Evangelio de San Mateo;

".... al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Mesías; En Belén de Judea, les respondieron, porque así está escrito por el Profeta:

Y tú, Belén de Judá,
ciertamente no eres la menor
entre las principales de Judá,
porque de ti surgirá un jefe
que será el Pastor de mi pueblo, Israel.

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles; -- Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya y le adore. --

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus cofres, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

Después de que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor que apareció en sueños a José y dijo: -- Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allí hasta que yo te diga, porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. --

Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos..."

Incluso detrás de una bonita historia como ésta del evangelio, en la que explica la existencia de los Reyes Magos, puede haber también una fatalidad. Si queremos enterarnos de todo lo sucedido, basta con abrir los ojos, y en este caso, seguir leyendo. Aunque a veces quizás nos bastaría abrir los ojos y al menos en estos días no olvidar que la Navidad es también la historia de una familia que no encontró refugio entre otros seres humanos, y que solo unos animales les dieron abrigo y calor. 

Hay mucha gente que necesita una noche de Reyes, de los de verdad, Magos o Sabios, pero no sordos o ciegos, y que esa noche durara los 365 días del año, dónde el mejor regalo sea que tengamos la generosidad de ser, de verdad, una sociedad que acoja, que abrigue. Que no nos venza el miedo, el egoísmo, la desidia. Que estemos, precisamente, a la altura de nuestros deseos....



Cabeza la Vaca, 5 de enero de 2018. Niña guaraní bebiendo de un charco, fotografía de Misiones online.



viernes, 29 de diciembre de 2017

Sobre la velocidad del ser humano

Ahora que pasa un nuevo (o viejo) año más, vienen los vientos de reflexión a las mentes de cada cual. Esos buenos propósitos para el año próximo que entra, esos buenos recuerdos del que se va, ese esfuerzo por olvidar las cosas malas que sucedieron o también, como no, esos arrepentimientos que siempre tratamos de enmendar, como quiera que sea, y con muchos "no volverá a pasar" sonando con un estremecedor eco en el interior de nuestras cabezas. Lo mejor suele ser que podamos vivir para resolver eso que no hicimos, lo peor, como es evidente, que ya lleguemos tarde, ya no servirá de nada correr a toda prisa, ya dará igual a la velocidad que vayamos....

Cuando se va caminando a lo largo de la senda de la vida, y mientras uno va ganando años, éstos pasan con una velocidad de vértigo. Pasan rápidos, a veces fugaces sin que apenas dé para disfrutarlos como se merece. Cuando vas dando pasos en ese camino, incluso puedes visualizar tus propias huellas, señal inequívoca de que ya has vuelto a pisar ahí antes. Y pisar sobre lo andado, en ocasiones también es señal de estar cometiendo los mismos errores o bien que caminamos en círculo, cosa que no nos lleva nunca a ningún lado. Aprendemos tarde y mal, no cabe duda. 

A veces me gusta escuchar a las personas mayores su opinión sobre la vida, porque de ellos siempre algo bueno se aprende y de manera gratuita. A más edad, palabras más sabias y acertadas salen de sus bocas..."He vivido más de cien años y te aseguro que lo único que no te va a gustar de la vida es que te va a parecer demasiado corta", he escuchado decir a alguno. "Lo peor que te puede pasar en esta vida es estar pensando continuamente en aquellas cosas que dejaste de hacer, que en cambio siempre pensaste o quisiste hacer, pero que ya nunca harás" he escuchado decir a otro. Desde luego que estamos aquí para ser felices, pero errores vamos a tener que cometer, será todo cuestión de resolverlos a una velocidad adecuada.

Pero en cambio me llamó la atención y hablando sobre esto, de la velocidad con la que aprendemos, lo que escuché a un nonagenario, sobre lo difícil que nos resulta aprender las cosas a pesar de que prácticamente todas las lecciones están ahí, casi a la vista de todo el mundo. Entonces le pregunté...; -- ¿cuáles son las conclusiones que puede sacar alguien como tú, que ya has vivido tantos años y has debido de aprender tantas y tantas lecciones?

"Que el ser humano es lento. Demasiado lento", me contestó...


Hace algún tiempo leí un libro sobre la vida de los egipcios y sus faraones, con una infinidad de lecciones en sus letras que me realmente me cautivaron. La verdad es que se trata de una cultura, la egipcia, con un grandísimo peso en nuestra civilización. Y después de escuchar a este señor nonagenario, volví sobre mis pasos de lectura (que no sobre mis huellas), y de ahí que me interesara por el discurso de coronación del faraón egipcio Amenhemet I, fundador de la dinastía XII de Egipto, que reinó de 1976 a 1947 a.C. Fue especialmente recordado con posterioridad por el alto grado de progreso que imprimió al país promoviendo grandes construcciones. Lo recuerdo perfectamente, casi de memoria....

"Luchad por la felicidad como lucharon por el pan los hombres y recordad que el Amor es la semilla y el fruto del gozo.

Amad a los demás para que puedan amaros y amaros vosotros mismos para poder amar a los demás....

No os atéis más que a la cadena de oro del cariño; no serán los parentescos los que unan a los hermanos cuya afinidad está sólo en la sangre.

No temáis crecer porque los años os mostrarán nuevos horizontes.

No temáis envejecer porque en cada horizonte encontraréis nueva sabiduría.

No temáis a la muerte porque recordaréis la otra orilla del Gran Río dónde seréis medidos según el peso de vuestro corazón".


Esto mismo que dijo el faraón egipcio hace cerca de 4000 años, lo dijo el Maestro Galileo hace más de 2000.

Es evidente que el ser humano es lento. Muy lento, diría yo....


Os deseo que el próximo 2018 venga cargado de grandes momentos!!!



Cabeza la Vaca, 29 de diciembre de 2017. Fotografía de Jesús Apa

viernes, 22 de diciembre de 2017

La Silla Vacía

Dentro de las muchas sesiones de motivación personal que utilizan los terapeutas con sus pacientes, una de las técnicas más originales y distintivas ha sido sin duda el uso de la "Silla Vacía". Por lo general, se utiliza este procedimiento de distintas formas y con diferentes propósitos, pero el más común es el utilizado en terapias dispuestas a buscar ayuda y consuelo por la ausencia de un ser querido. Este tratamiento en particular, también es denominado con el nombre de "Una Persona no Disponible". 

En esta terapia el paciente se enfrenta a alguien en torno a quien se ha desarrollado un asunto inconcluso (presente o pasado) y que en el momento actual no se encuentra disponible, o bien, porque no es factible el encuentro y la confrontación, o bien, porque ha fallecido o desaparecido de la vida del paciente. No estar disponible puede deberse a varias causas, como fallecimiento, distanciamiento, abandono, separación, etc...

Esta técnica trata de sacar lo mejor del paciente en una etapa difícil para él, dónde la falta de un ser querido puede llegar a dejar marcado su comportamiento. Así pues la forma como se desarrolla este procedimiento, cambia dependiendo de lo que se proyecte en la Silla Vacía. Con esta terapia el paciente recapitula lo sucedido y el terapeuta interviene haciendo énfasis en el sentimiento o la emoción que acompaña cada instante del evento reportado, pidiendo al paciente al mismo tiempo, que se de cuenta de lo que está sintiendo. De esta forma la silla actúa a manera de pantalla, identificando sus emociones y sentimientos ligados a esta persona virtual.

De esta singular manera, la persona encuentra la posibilidad de resignificar, sentir y responder de una forma nueva, más integral y saludable. Si el acontecimiento es pasado, reconoce que no es posible cambiar lo sucedido pero que sí es posible cambiar su significado y la forma de sentirse al respecto. Si el acontecimiento es presente, descubre nuevas formas de afrontar y responder ante tal situación en su vida.

Todos los años por Navidad, y en cada uno de nuestros hogares, existen Sillas Vacías. Unas veces por unos motivos, y otras tantas por otros, pero en cada uno de ellos tenemos presente distintas ausencias. Y cuando ponemos en la "Silla Vacía" a una persona significativa en nuestra vida y que puede no estar disponible por esas distintas causas antes comentadas, debemos aprender a valorar realmente lo que esto significa para nosotros. Debemos proyectar en esa silla lo mejor de la persona ausente, que bien no estará nunca más, o que es posible que esté faltando solo de manera circunstancial.

El espíritu de la Navidad precisamente es eso; ocupar por unos días el lugar de aquellos que ya no están, recordarlos con nostalgia y amor, porque siempre tendrán un lugar en nuestra mesa. Y el espíritu de la Navidad también es estar en el sitio de quienes por circunstancia, este año no están, pero que estarán en otra ocasión. Echarles de menos y reforzar su ausencia con la ilusión de encontrarlos pronto y sobre todo, valorar esa falta momentánea de la manera más positiva y armoniosa posible.

Es en estas bonitas fechas de Navidad cuando más veces ponemos en esa Silla Vacía a nuestros seres queridos, convirtiéndose estos días en un punto de encuentro con éstos. Acercamientos que en ocasiones solamente se producen en nuestro interior, dónde a veces focalizamos nuestro amor hacia ellos de una manera espiritual, mental y emocional, pero a la vez intensa y casi real. Utilizamos nuestra imaginación para rellenar con la ausencia de tal persona, el espacio vacío de la silla. Le damos forma y cuerpo a través de nuestros sentidos, y experimentamos una serie de sensaciones que casi que reflejamos corporalmente.

En estos días me pongo a pensar en que siempre habrá ausencias en nuestras vidas, muy dolorosas, las de aquellas personas a las cuales no volveremos a ver. Pero a la vez estos días también suponen para mí un punto de inflexión en nuestra manera de sentir el amor y tener una nostalgia, esta vez pasajera, por las personas que no están pero que podemos volver a ver más pronto que tarde. Son días de reflexión porque incluso llegan a acercarnos más a aquellos que menos vemos, pues sentimos con más intensidad su falta y su distancia.

La Silla Vacía debe suponer sentimientos positivos hacia esas personas en su ausencia. Es sentarse en su lugar y proyectar lo mejor de cada uno, recordando sus palabras, su amor y sus buenas acciones. En la Navidad hay más Sillas Vacías que en ninguna otra época del año, pero es cuando los sentimientos se muestran más fuertes y decididos, a la vez que cándidos, más solitarios a la vez que repletos y mayúsculos; más espirituales a la par que verdaderos.

Quizás va a ser que necesitamos más Navidades en nuestras vidas, más fechas en las que abramos de esta manera solidaria nuestro corazón a los que no tenemos tantas veces cerca. Y es que a veces somos tan pobres dando amor, que olvidamos que somos ricos cuando lo recibimos. Va a ser que necesitamos más Navidades para colocarnos en esas Sillas Vacías con más asiduidad, con más nostalgia, sí, pero precisamente para convertir ésta en una nueva posibilidad de estar cerca de aquellas personas que amamos y que siempre, físicamente o no, van a formar parte de la historia de nuestras vidas.

Dicen que es Navidad, así que toma asiento, por favor.... Seguro que hay alguna Silla Vacía cerca de tí....

¡Feliz Navidad!!!


Fuente de Cantos, 22 de diciembre de 2017. Fotografía de Jesús Apa.

viernes, 15 de diciembre de 2017

La paz sea con vosotros

Tras tocar suavemente con mis nudillos en aquella vieja puerta de madera, entré en la casa de la manera más silenciosa posible. Alguien desde dentro y con un sutil hilo de voz me dio el permiso para pasar, y al final del pasillo supuse que quien me había hablado era Milagros, su hija, quien a sus 84 años sigue cuidando de su padre. Al llegar a su lado, puso su dedo índice en la boca pidiéndome comunicarme con ella en voz baja; "aún duerme, pero solo es una cabezadita, y en cuestión de cinco o diez minutos ya estará espabilado. Estas pequeñas siestas le vienen muy bien. Realmente lo ha hecho durante toda su vida".

Yo me encontraba ansioso por visitar a un hombre al cual le tengo un profundo respeto. Y es que Francisco nació el 13 de diciembre de 1904 y con lo cual, este miércoles cumplía nada menos que 113 años. Había escuchado que el secreto de su longevidad reside en "comer mucho y bueno". El hombre más longevo del planeta le regaló recientemente al mundo durante una entrevista televisiva un gran consejo: "Lo que hay que tener es un corazón grande y noble, y defenderse de todas las cosas".

Realmente esperaba sacarle mucho provecho a aquella tarde, conseguir escuchar frases de aquel tipo que pudieran motivar mi día a día, pues aquella vitalidad y capacidad de vivir, debe pertenecer a alguien especial. Una persona con tanta vida, debe ser un pozo de sabiduría y debe dar gusto escuchar sus historias y aprender de cada una de sus vivencias. Así que me senté en el sitio reservado, muy cerca de él, y esperé a que despertara de su pequeña siesta.

Sus ojos cerrados tibiamente acompañaban el compás de su cuerpo moverse a través de una fuerte respiración que llenaba toda la sala. Su boca entreabierta delataban el dulce momento de su pequeño sueño. Sus labios, ya huérfanos de besos reposaban aguardando solo a poder hablar. Los dedos de sus manos entrelazados, como atrapados entre sí y reposados sobre sus propias arrugas. Una naturaleza especial para quien parecía ahí sentado, en su maltrecho sillón, un hombre corriente, uno más en este mundo que a veces trata de sorprendernos con algún que otro regalo. Y yo quería abrirlo... y él abrió repentinamente sus ojos, ya enterrados en sus propias arrugas.

Me miró, como extrañado. Yo esperé un momento, tal vez debía de ser largo. Hay quien tiene malos despertares de la siesta, y no debe ser fácil que tras una de ellas, te encuentres con un extraño en casa y al que no conoces de nada. Seguía fijo en mi, pero sin decir nada. Ni una sola palabra. Hizo un gesto como de volver a cerrar los ojos, pero la intranquilidad le pudo. Se inquietó un poco en su asiento, y balbuceó; "Milagros, tenemos visita. Alguien ha venido a verte"

-- Su hija no está, acaba de salir un momento y no tardará en llegar. Pero realmente he venido a visitarlo a usted.... --

"¿A mi? ¿Y qué es lo que quiere usted de mi?"

-- Bueno, usted cumplió 113 años hace un par de días, y quizás pensé que es una gran oportunidad vivir cerca de la personas más longeva del planeta, y por eso que estoy aquí. Fue algo repentino, que se me ocurrió esta misma mañana, y hablé con su hija para plantear la posibilidad de conocerle, y aquí estoy. --

Francisco guardaba silencio, quedó inmóvil y no hizo ningún gesto más. Por un momento pensé que aquello no había sido buena idea, pero su rostro sereno y pacífico empezaba a relajarme, y creo que él empezaba a sentirse mejor o quizás a aceptar aquella situación como algo bueno; que alguien viniera a interesarse por él, aunque solo fuera de manera curiosa. 

" Y bien, dime, ¿qué es lo que te gustaría saber?", me preguntó con un tono amable.

De pronto parecía que una extraña lucidez se había apoderado de él, pues percibí como se acomodaba en su asiento como decidido a tener una animada charla.

-- Bueno, quizás no esperaba afrontar este encuentro como una entrevista en sí. Quizás venía con la idea de tener una conversación con un hombre que posiblemente tiene mucho que decir, pero una vez en esta tesitura, quizás no sé muy bien que decir o preguntar. --, le dije yo.

Tras una larga pausa y un respetado silencio, comenzó a hablar....

"Soy un hombre sobre todo, agradecido con la vida. Cuando me despierto por la mañana con el cuerpo descansado y la mente serena, respiro profundamente y doy las gracias por el nuevo día, por la nueva oportunidad. Son momentos en los que soy yo y estoy solamente yo.

Observo por la ventana el día que se me ofrece y decido que será un gran día en el que se manifestará la armonía y la paz en mi comportamiento, en mi familia, en el hogar.... y me propongo tratar con serenidad a las personas que comparten mi vida.

Me aseo, desayuno, converso con los míos, salgo a la calle cuando mis piernas me lo permiten.... y siento, con alegría, la certeza de que todo está bien, que estoy haciendo las cosas de la manera correcta.

Es sin duda, el mejor indicador de que todo está bien; la Armonía interna es sinónimo de paz, de calma, de satisfacción, de plenitud, de tranquilidad. Siempre me llamó la atención esa frase que se dice en las misas, eso de "la paz sea con vosotros". Es sin duda, lo mejor que le puedes desear a alguien porque, estar en paz y en armonía con uno mismo nos permite vivir en calma y actuar con serenidad, aun en medio de situaciones difíciles.

Lograr la paz interior y alcanzar la armonía plena hará que nuestra felicidad no esté condicionada por factores externos. Nos permite ser felices no en función de lo que tenemos o dejemos de tener afuera, sino de lo que tenemos dentro, de esa luz que nos calienta e ilumina y que tiene la maravillosa propiedad de ser transmitida a los demás.

Yo creo que el éxito de mi vida, o uno de ellos, ha sido, además de vivir en paz, desear la de los demás".

"¿Y tú, vives en paz?"  

Aquella pregunta, directa, inesperada pero sencilla, me cogió de sorpresa, sobre todo, porque estaba boquiabierto escuchando a aquel hombre decir cosas con tanto valor y sentido para mí en esos momentos. Fui a contestarle, después de mucho dudar, pero para mi nueva sorpresa, me dijo:

"Bueno, ahora quizás necesito que me dejes un poco en paz, y después de mi siesta, si quieres, volvemos a charlar nuevamente...."

Ambos quedaríamos en paz, más bien en calma, al menos por unos cuantos minutos, porque no tardó mucho en volver a despertar....



Francisco Núñez Olivera, "Marchena". Fuente de Cantos, 15 de diciembre de 2017. Imagen de archivo de la Mancomunidad de Tentudía.