viernes, 23 de enero de 2026

Cuentos para dormir; el hada del tiempo

En un pequeño pueblo rodeado de bosques de encinas y olivos, vivía Cata, una niña de ojos grandes y silenciosos. Su papá siempre llegaba tarde, atrapado entre relojes, reuniones y teléfonos que nunca dormían. Una noche, mientras lo esperaba con una cena ya fría, su mamá le susurró una historia: en lo profundo del bosque vivía un hada que vendía tiempo, pero solo a quienes sabían pedirlo con el corazón.

Al amanecer, Cata se adentró entre árboles altos como catedrales. Caminó hasta que el silencio se volvió tan denso que hasta sus pasos parecían flotar. Entonces la vio: el hada tejía segundos y minutos con hilos de luz, sentada sobre una roca cubierta de musgo. Cata no pidió juguetes, ni días festivos, solo unas pocas horas para que su papá pudiera jugar, reír, y escucharla sin mirar el reloj.

El hada la miró largo rato y, en lugar de monedas, pidió a cambio un recuerdo: el de la última vez que Cata se sintió sola. La pequeña asintió con los ojos húmedos. El hada sopló sobre un reloj de arena que no se vaciaba, y se lo entregó.

Esa noche, sin avisos ni promesas, su papá llegó temprano, apagó el teléfono y dijo: "A partir de ahora, el mundo puede esperar..."


Marbella, 23 de enero de 2026. Imagen libre en la red.



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