viernes, 17 de febrero de 2017

Sin medias tintas

Hace unos días que salió en una conversación un tema con el que me agrada reflexionar, o más que eso, sobre el que me gusta enfatizar; "La convicción". Sobre todo a la hora de afrontar cualquier acción o tarea en la que estemos envueltos. Tanto es el poder de la convicción como el poder de la palabra, y tanto vale más el primero precisamente cuando es lo que te impulsa a hacer aquello en lo que confías y por lo que te merece la pena esa contundencia. Esa creencia inquebrantable sobre algo, a veces sin la necesidad de tener evidencias. Esa actitud positiva y enérgica incluso a pesar de las adversidades. 

Es posible que además esté sólidamente conectada con la fe, que si dicen que mueve montañas, la convicción las crea, las escala y las corona. Que si con la fe esperas que algo pase, con la convicción haces que ocurra. Es algo que se ve reflejado incluso en las pequeñas cosas del día a día sin que para ello tenga que suponer un sacrificio permanente. Está claro que, por ejemplo, no vas a conseguir madrugar mañana si no te acuestas con esa intención, o no vas a conseguir dejar de fumar si tu convicción para ello echa humo por dentro. Es como el que quiere afirmar moviendo su cabeza de derecha a izquierda.

La voluntad de hacer algo firmemente, ya te está llevando a conseguirlo. Es el convencimiento sobre la consecución de tus acciones lo que hace más fuertes tus creencias en conseguirlo, pero quedarte en solamente la intención, te llevará a llenarte de eso, solo de intenciones, no de logros y afirmaciones. El casi conseguirlo por falta de actitud, es fracasar por dos veces. Es preferible un SÍ o un NO, a un CASI. Me contaron una vez un cuento que aunque es un poco antiguo y es posible que ya hayas escuchado, sí que es muy apropiado al caso.... 

"Es sobre un grupo de ranas que viajaban por el bosque y de repente, dos de ellas cayeron en un pozo muy hondo y que además estaba totalmente seco. El resto de ranas se reunieron alrededor del profundo agujero y fue cuando se dieron cuenta que el destino de esas dos pobres amigas sería fatal. Fue por lo que les dijeron que nada podrían hacer.

A pesar de eso, las dos comenzaron a dar saltos intentando escalar, pero las otras ranas seguían insistiendo en que sus esfuerzos serían inútiles.

Finalmente una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió, se desplomó y murió.

La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, desde lo alto del pozo el resto le gritaba nuevamente para que cesara en su esfuerzo de continuar y se dispusiera a morir, pues sería imposible que saliera de ahí.

Pero a pesar de los gritos del esto de ranas, ésta insistió una y otra vez hasta que logró salir. Todas las demás quedaron asombradas, y le preguntaron cómo es que no se rindió con todas las palabras de desánimos que recibía.

Ésta dijo que, además de ser sorda y no escuchar nada de lo que le decían, (incluso al contrario, pensó que la animaban), siempre tuvo la convicción de que lograría salvarse".

Hace unos días escuché una interesante reflexión al respecto y me hizo recordar varias cosas pasadas. Porque a medida que pasa el tiempo, incluso conectas situaciones o experiencias vividas que ni prestabas atención en analizar. Y es que recuerdo cuando era pequeño que iba hacia mi casa y en muchas ocasiones, cuando me disponía a entrar, mi madre justo había acabado de fregar el suelo de la casa. Ahí al fondo del pasillo, con una mano sobre la cintura y la otra apoyada en la fregona, me decía con un claro aviso; "Ni se te ocurra pasar y pisarme la casa. Esperas a que esté seco el suelo".

Se giraba, y continuaba con otras tareas mientras yo quedaba en la puerta como hierático. Me agachaba para mirar con el reflejo el avance que llevaba el suelo en su proceso natural de secado, pero ese corto tiempo suponía demasiado para, mi entonces pequeña paciencia. Así que de repente avanzaba al interior de casa, dando pasos de puntilla hasta que, me percataba en que mi madre volvía a asomarse desconfiada de mí, y en esas que rápidamente yo tenía que retroceder corriendo ante la nueva advertencia de ella, que me decía otra vez; "!Y lo que más me molesta es que entres de puntilla, como si no fuera a darme cuenta de esas pisadas, que son como un "sí pero no". Si pisas, que lo hagas con ganas. Porque además, te quedas en un "casi entro, pero salgo"!.

Y ahora entiendo muchas cosas sobre esa reflexión de la que antes hablaba, sobre todo, de cómo debes pisar para que queden tus huellas. Que incluso peor que la convicción de que no, y la incertidumbre del tal vez, es la decepción de un casi. Aquello que pudo haber sido y no fue. Igual que al soñador no le vale precisamente andar dormido, sino vivir en la realidad, al escritor no le valen las medias tintas para escribir lo que siente o quiere expresar. Ni el ya veré, ni el lo intentaré, ni el ya probaré. O estás convencido del sí o del no, o todo lo demás será un "casi". Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.

El que casi ganó todavía juega, quien casi aprobó todavía estudia, quien casi te besa es que ni lo intentó, quien casi te desnuda es que ni se excitó. Así como el de medias tintas ni escribió, quien casi despierta solo durmió, quien casi amó, es que no amó. Me pregunto que lleva a vivir esa vida templada, que ni "fú ni fá", ni blanco ni negro. Esa eterna moneda lanzada al aire y ese susurro tan molesto para no decir nada. Esa falta de coraje y ese desborde de cobardía para afrontar las cosas, que llenan aún más el vacío que dejan en el interior del alma de cada cual, y solo quedan llenos de oportunidades perdidas.

Dicen que para los errores hay perdón, y para los fracasos oportunidades. Los que prefieren previamente la derrota a dudar de la victoria están perdiendo la oportunidad de ganar. No dejes que el miedo te impida intentarlo ni la desconfianza haga que dejes de creer en ti, porque nada puede hacerte tanto daño a ti mismo como eso. Perder la convicción es como desconfiar de ti, dejarte en segundo lugar. 

Y aunque soñar está muy bien, gasta más tiempo realizando que soñando, haciendo que planeando porque, mientras quien casi muere está vivo, quien casi vive, está muerto....



Fuente de Cantos, a 17 de febrero de 2017. Imagen libre en la red.
      

      

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