viernes, 22 de febrero de 2019

Sesión 3. Trastorno bipolar. Parte II

El grupo se incomodó en su asiento, ya no solo por la rotunda afirmación de Gustavo de haber acabado con la vida de su padre, sino con la frialdad que lo dijo. A pesar de su enfermizo y desmejorado aspecto, no dejaba de aparentar ser una persona sensible, o débil..., o en cualquier caso, alguien incapaz de matar a una mosca. Aún así, nadie se pronunció al respecto, pues Gustavo no tardó en seguir hablando con su voz templada y dulce pero esta vez, rasgada y entrecortada. 

"Tuve que irme de casa apenas cumplidos los 18 años. Lamentablemente tuve que salir de ahí sin sueños, sin ilusiones y dejando atrás a unos hermanos y padres que no iban a aceptarme jamás. Yo era el raro, el distinto, la oveja negra. O más bien la deshonra de la familia, como así me dijeron alguna vez. Tan solo mi tía Julia, la hermana de mi padre, soltera y que vivía largas temporadas con nosotros, había mostrado por mi algún tipo de comprensión y afecto. Y sé que no lo mostraba en demasía por temor a mi padre.

Pero fue ella la que me ayudó a salir de casa y que, por mediación del cura del pueblo, me buscó un lugar en un seminario para formarme en Teología, aunque siempre supe que en cuanto tuviera oportunidad, saldría de allí tal y como hice un tiempo más tarde. Si bien es cierto que por todos mis compañeros y superiores fui aceptado y respetado, no iba a serlo nunca por su doctrina. 

Al menos ahí, pude desarrollar libremente mis habilidades, sin miedo a ser juzgado, y pronto me convertí en el sastre de todo el centro, no solo arreglando los hábitos y uniformes religiosos más sencillos, sino cualquier otra vestimenta eclesiástica; haciendo bordados y filigranas en los mantos, sotanas, túnicas y capas más singulares que luego usaban los curas en sus actos religiosos de mayor categoría".

El grupo escuchaba atentamente las palabras de Gustavo, que parecía haberse calmado y dispuesto a contar de forma detallada la historia de su vida. Pero algún pensamiento repentino volvió a llenarlo de rabia...

"!Dicen que jamás me perdonarán! Pero yo tampoco a ellos. Destruyeron mi infancia, mi juventud. Nunca fui un hijo querido, menos aún un hermano amado. Era el más pequeño, y me marginaron. Tenían que estarme agradecidos. ¡Malditos hijos de puta...!!!.

El grupo volvió a revolverse en su asiento ante la reacción de Gustavo que, incomprensiblemente, había pasado en tan solo unos segundos de un tono amable a un profundo ataque de rabia. Insultos, improperios, furia. De la sensibilidad y palabras emotivas, de repente dio paso al odio y la desesperación. El Doctor Martín, habló para el resto del grupo como si Gustavo no escuchara sus palabras...

-- El trastorno bipolar es una enfermedad mental severa. Las personas que la sufren experimentan cambios de ánimo poco comunes. Pueden pasar de ser muy activos y felices a sentirse muy tristes y desesperados... A la tristeza y desesperanza se les llama depresión. --

"Querido Doctor", -- volvió a intervenir Gustavo, y para asombro de todos, ahora mucho más calmado --. "Ya le he dicho en las ocasiones que hemos hablado, que ni tengo trastorno bipolar ni cualquier otro síntoma psicótico que se le parezca. Si estoy aquí, tal vez sea porque reconozco que necesito algún tipo de ayuda. O quizás, ni tan siquiera sea eso..., solo un poco de comprensión; ¡qué sé yo!. Lo único que pretendo es recuperar mi vida y olvidar todo lo que ha ocurrido, pero no sé si eso va a ser posible. Lo que tengo claro es que no quiero más medicamentos ni tratamientos experimentales. Solo necesito que alguien me entienda...".

-- Gustavo, y para eso estás aquí, ¿recuerdas?. Ese fue nuestro acuerdo. La psicoterapia puede ayudar mucho a las personas con trastorno bip..., bueno, puede ayudar mucho a pacientes como tú, si quieres evitar esa expresión. Y la psicoterapia o terapia de diálogo consiste en eso, en sacar de dentro aquello que se tiene y que tanto daño nos hace --.

"Pero Doctor, no puedo. Usted lo ha visto.... No puedo volver a hablar de eso, de todo lo que ocurrió. Me hace demasiado dañooo...".

Gustavo rompió a llorar como un niño pequeño. Por sus mejillas corrían sin parar las lágrimas. Avergonzado o tal vez incomprendido, tapó su cara con sus manos e inclinó su cuerpo sobre sí mismo en la silla. Su debilidad quedó aún más presente a la vista del grupo. Luisa, que estaba a su lado y compungida por aquella situación, no pudo evitar acercarse a él y tratar de consolarlo...

-- Trata de calmarte Gustavo, todos estamos aquí por algún motivo. Ibas bien, te estabas desahogando, contándonos la historia de tu vida, y todos tenemos una historia que contar, secretos que ocultar... Pero si te sirve de consuelo, ¡yo te creo! --.

Gustavo levantó su cabeza mostrando su cara aún sonrojada y llena de lágrimas, pero volvió a salir su lado más serio.

"¿Me crees? No sé a qué te refieres, pero si piensas que no maté a mi padre, te equivocas. Claro que lo hice. Si ahora tengo que considerar que estoy loco, lo podría aceptar. Pero jamás estuve tan cuerdo como cuando tomé la decisión de actuar cómo lo hice.

Cuando recibí la llamada de mi tía Julia diciéndome que volviera a casa, que algo terrible había pasado, no tuve dudas en volver allí y ser yo el encargado de acabar con la vida de mi padre...".   



Cabeza la Vaca, 22 de febrero de 2019. Imagen libre en la red. 


viernes, 15 de febrero de 2019

Sesión 3. La familia. Parte I

En la pizarra podía leerse con esa letra tan singular; “Sesión 3. La familia. Viernes 15 de febrero 10:30h. Dr. Martín".  

Como cada viernes los cinco pacientes habían estado esperando al Doctor Martín en absoluto silencio. A pesar de llevar juntos en terapia durante tres semanas, apenas si existía un acercamiento por ninguno de ellos. Tampoco con el Doctor Martín, que ya los había tratado en su despacho varias veces de manera individual y aleatoriamente. La sesión empezó, como de costumbre, con unas palabras suyas sobre el tema a tratar.

“No cabe duda que en pacientes como ustedes, la familia juega un papel vital en vuestra recuperación. Y digo pacientes, porque es el primer término que deben aprender a asumir, con el que os deben identificar. Cuanto antes afronten que sois futuros pacientes de un centro psiquiátrico, y antes recurran a la ayuda médica, menos traumática será la recuperación

Y todos, absolutamente todos los integrantes de la familia, tendrán de manera directa un fuerte protagonismo en ustedes, tanto para bien, como para mal. Es evidente que a mayor roce, mayor será la influencia en cada uno de vosotros. Y es cierto que se tiende a enfrentarse a ellos, a la familia, señalándolos como los principales culpables de vuestro “nuevo y extraño” estado mental en el que os encontráis. 

Aunque sin lugar a dudas, el papel más importante en vuestras vidas, antes y después de luchar contra esta enfermedad mental, será el de vuestras madres, pues son en cualquiera de los casos, las más sufridoras…"

--Esa es la mayor mierda de todo esto --, exclamó con rabia pero con voz suave uno de los pacientes.

"Sí, así es Gustavo". –Trató de calmarlo el Doctor Martín, que ya conocía más detalladamente a este paciente por las diferentes sesiones individuales que habían tenido.

Gustavo, de unos cuarenta y pocos años, ofrecía una imagen muy distinta a lo que él había sido en tiempo pasado. Ahora se presentaba con un aspecto totalmente enfermizo; muy desmejorado, la cara demacrada, hinchado por la medicación y una ropa desaliñada e incluso sucia. Muy distinto a ese atrevido y entusiasta chico que se había comido el mundo años atrás como uno de los mayores jóvenes talentos de la moda en todo el país.

Gustavo estaba en tensión y seguía conteniendo su rabia. Encolerizado y con los ojos llorosos, se mantenía inquieto en su silla con los puños apretados y con unas ganas tremendas de salir de allí, pues se estaba tocando un asunto terrible para él... El Doctor, que propuso ese tema a propósito, esperó su reacción que no tardó en llegar... 

-- Por la familia se hace todo, y se debe ser incondicional a ella, por encima de cualquier ego individual, pero siempre hasta cierto punto --, se atrevió a decir. He tenido una familia maravillosa y desde que nací,  acepté la forma de pensar que se me transmitió, sobre todo y principalmente, la que venía por parte de mi padre. Fue ahí donde me enseñaron unos valores y principios que traté de aplicar durante toda mi vida, a pesar que a veces no concordara con ellos, pero no sabía que esa jerarquía y forma de pensar pudiera dividirnos de la manera que lo hizo --.

Como iba siendo costumbre en el grupo, la intervención de cualquiera de los pacientes del mismo siempre generaba un silencio y respeto admirables. Entrados en materia, el Doctor se mantenía al margen y trataba de dar paso a un profundo pero sano debate sobre el tema protagonista de la sesión.

"¿A qué te refieres cuando dices que esa forma de pensar os dividió?" , -- preguntó el Doctor.

-- Si, esa forma de pensar..., ¿pero de quién? --, quiso saber y casi al unísono Carlos, el paciente que intervino en la sesión primera.

Gustavo, un poco más calmado, quiso explicarse mejor...

"Vengo de una familia muy tradicional y clásica. De padres muy rígidos porque mis abuelos, a buen seguro, también lo fueron con ellos. Con una forma de pensar muy autoritaria, estricta y disciplinada. Y siendo el pequeño de seis hermanos, y sencillamente porque era "diferente" al resto, pronto fui considerado el eslabón perdido.

Enseguida percibí que era tratado como un bicho raro, pues no estaban bien visto mis gustos por ninguno de mis hermanos, menos aún por mis padres. Era recriminado e incluso castigado por ello. Espiaba a mis tías y a mi madre cómo cosían juntas en esas interminables tardes de verano, pero no podía practicar sus "ocultas" enseñanzas por miedo a represalias. Disfrutaba, a escondidas, poniéndome la ropa de mis hermanas y combinado colores, tejidos, zapatos, botas...

Cuando mi madre preparaba la ropa de mi padre y hermanos para un día especial, yo iba a escondidas y la cambiaba combinando lo que pensaba que les quedaría mejor. Así comencé a recortar imágenes de revistas, combinar la ropa de cada personaje, dibujar mis propios patrones..., y todo eso tratando de ocultar mis gustos y sin que nadie viera mis gestos femeninos y cada vez más amanerados. Si alguien descubría mi verdadero yo, iba a ser una deshonra para toda la familia...

-- ¿Estás queriendo decir que eres maricón y tenías miedo a que tu padre te partiera la cara al descubrirlo? --, preguntó bruscamente pero de manera sincera Carlos, a quien el Doctor recriminó por su tono.

Sin embargo a Gustavo, no pareció afectarle aquel feo e inapropiado comentario de su compañero.

"¡No exactamente!. Estoy queriendo decir, que la familia, y en este caso los progenitores, deben educar a sus hijos conforme a sus principios, claro está. Pero tan importante es una cosa, como que acepten que puede haber algún miembro de la propia familia que piense de manera distinta a todos ellos y no por eso hecho hay que atacarlo".

-- ¿Estás queriendo decir, que has ingresado en un centro psiquiátrico solo por el hecho de pensar de manera distinta a cómo piensa tu familia? --, volvió a preguntar Carlos, esta vez de la forma más correcta y en el tono más conciliador posible.

"No sé si fue por eso exactamente. Lo que sí estoy seguro, es que tuvo mucho que ver el hecho de que decidiera matar a mi padre..." 



Marbella, 15 de febrero de 2019. Imagen libre en la red  

viernes, 8 de febrero de 2019

Sesión 2. El vecino. Parte II

-- Realmente mi vecino es un tipo encantador. Se trata de una persona amable, culta, bien formada, y con la que me sentía muy agusto hablando de mis cosas. Digamos..., que era mi vía de escape. Llegaba a casa y me gustaba invitarlo a charlar sobre cualquier tema; desde las cuestiones puramente personales hasta las cuestiones más triviales. Hablaba con él de todo. --

"¿A qué te refieres cuando dices, que hablabas con él de todo? ¿Puedes concretar un poco más?".

-- Pues imagínese usted Doctor, que incluso llegaba a ensayar los juicios de mis clientes con él. Y no solo hablaba de cosas del trabajo. Él conocía mis preocupaciones, mis planes de futuro e ilusiones, mis objetivos personales, hasta cualquiera de mis gustos; mis ciudades favoritas para visitar, mi música preferida u otras cosas de mi ocio particular. --

"Bueno, pues entonces, ¿dónde está el problema en que alguien tenga un amigo a quién contarle sus cosas? ¿O es que acaso había algo más entre usted y su vecino?", insistió el Doctor.

-- Ahí comenzó el problema... mi novio empezó a molestarse por este asunto y a sentir muchos celos de él. Juan, que así se llama mi novio, vive fuera de la ciudad pues trabaja en la capital y viene a casa solo los fines de semana, y cuando llegaba los viernes, yo apenas si tenía nada que hablar con él ya que durante el resto de la semana, las horas se me pasaban volando charlando con mi vecino. A veces, incluso por la mañana iba al trabajo directamente después de haber pasado toda la noche conversando con él. --

"Pero, ¿tu novio conocía todo eso?".

-- En un primer momento no, pero empezó a descubrir mi obsesión con él. Con mi vecino, me refiero.... Comencé a faltar al trabajo, apenas si dormía durante los días de diario y tampoco tenía apetito. Y el fin de semana, cuando mi novio venía a casa, solamente me apetecía dormir. Fue entonces que Juan se asustó, y tuve que decirle la verdad, que durante la semana, pasaba los días casi al completo entera hablando con el vecino...

Me dijo que esa situación iba a provocar que nuestra relación de muchos años acabara y todo se fuera al traste. Jamás vi a Juan tan enfadado..., o tal vez lo que estaba era asustado. No lo sé. El caso es que fue en ese momento que le prometí no volver a ver nunca más al vecino... --

"¿Y fue eso lo que hiciste?", preguntó repentinamente Luisa, la otra mujer del grupo, y que  había estado callada hasta ahora. Tenía un aspecto muy parecido al de Carmen y tal vez se sintió identificada con algo de lo que su compañera estaba comentando...

-- No, no fue así. La tentación me podía, y tal vez Juan sabía que así sería. Una noche, después de regresar juntos de una fiesta, nos acostamos tarde pero al poco de meternos en la cama me sobresalté. No sé cómo, pero estaba segura que el vecino se encontraba en el salón, sentado como de costumbre en esa vieja butaca que me regaló mi padre antes de morir.

Así que me levanté, y fui al salón para comprobar que efectivamente estaría allí. Conversamos durante el resto de la noche, como de costumbre. Estaba deseando contarle mis cosas, todo lo que había pasado con Juan..., sus celos, sus preocupaciones con nuestra relación y todo lo que estaba ocurriendo entre nosotros hasta entonces... hasta que comenzó a amanecer y tuve que regresar a la cama antes que mi novio se despertara. 

Quise ocultarle mi nuevo encuentro a Juan, y me sentía muy nerviosa y estresada por ello, pero al final del día mi novio me confesó que la noche anterior se despertó y me escuchó hablar, que fue al salón y lo descubrió todo. En aquel momento no quiso interrumpirme por miedo a mi reacción y para que no me asustara. Confiaba en que al día siguiente me diera cuenta de lo que estaba haciendo, que recapacitara y resolviera esa situación ya que estaba poniendo seriamente en peligro nuestra relación. --

"¡Vaya!!", - exclamó asombrada Luisa -. "Realmente tienes un novio maravilloso. No todo el mundo es tan comprensivo. Cualquiera en su lugar, hubiera tenido un arrebato de celos al ver a un extraño conversar en medio de la noche con su mujer. No sé que persona estaría dispuesto a aguantar esa escena sin intervenir en ella." 

-- Lo sé. Tengo un novio que no me lo merezco. Fue él quien decidió ayudarme a venir aquí y sé que lo hace por mi bien más que por el bien de nuestra relación. --

El resto de compañeros había estado prestando gran atención a la explicación de Carmen, incluso el Doctor, que esta vez no intervino y decidió dejarla hablar y no seguir opinando. Fue otra vez Luisa la que volvió a interrumpir.

"Pues sinceramente, no creo en absoluto que estés loca. Esas cosas pasan muy a menudo. A veces, cualquier persona puede ocupar un lugar fundamental en nuestras vidas sin importar quien sea o qué papel haya tenido hasta ese momento.

Solamente una pregunta, si me lo permites...-- continuó hablando Luisa --. Has dicho que esa noche habías intuido que tu vecino estaría en el salón..., y allí estaba; ¿acaso tenía él una llave de casa?"

-- No, no, en absoluto, -- contestó Carmen. --. A él siempre le ha gustado entrar en casa atravesando las paredes...



  
Fuente de Cantos, 8 de febrero de 2019. Imagen libre en la red.


viernes, 1 de febrero de 2019

Sesión 2. El TPB; Trastorno Psicótico Breve. Parte I

Los cinco pacientes volvían a ocupar el mismo lugar que la semana anterior. Serios y con la mirada fija en aquella antigua pizarra de colegio, podían leer (al igual que el último viernes y con aquella perfecta letra de caligrafía), el siguiente texto; "Sesión 2. El TPB; Trastorno Psicótico Breve. Viernes 1 de febrero 10:30h. Dr. Martín".

Guardaban sus correspondientes silencios, inmersos en sus propios pensamientos, que se vieron interrumpidos cuando el Doctor Martín entró por la puerta y, tras dejar su bata blanca en la percha, ocupó el asiento central que lideraba aquel semicírculo dónde estaban sentados sus aún desconocidos pacientes. El Doctor, tras dar los buenos días, quiso ser directo y no perder el tiempo con demasiados preámbulos...

"Debéis saber que para nosotros, los profesionales en salud mental, resulta bastante difícil crear y mantener una terapia de grupo con pacientes que acaban de padecer un primer episodio psicótico breve, conocido como TPB, así como la limitación que esto supone para la prevención secundaria, es decir, de cara a disminuir la prevalencia de la enfermedad. 

¿Y por qué digo que es difícil comenzar con una buena sintonía en estas primeras terapias? Pues sencillamente porque tengo que ayudaros a asumir que tenéis un gran problema mental, que puede ir a más, y que si eso sucede, será algo irreversible y jamás volveréis a ser quienes erais. Porque esta enfermedad, en sus primeros momentos, aparece como consecuencia de actos cotidianos, normales y corrientes, y debido a una serie de circunstancias que, careciendo en su inicio de poca importancia, pueden llegar a superar nuestro estado psicológico de manera paulatina.

No quiero explicar todo esto con demasiados términos técnicos, así que, en resumidas cuentas, el TPB aparece como consecuencia de un estado repetitivo de ansiedad, estrés, problemas en el trabajo, con la familia, con la pareja..."

-- Disculpe Doctor Martín --, interrumpió una de las pacientes, --. ¿Quiere usted decir, que todos los aquí presentes estamos locos de remate, pero es posible que aún tengamos solución?.

El Doctor Martín, resignado por aquella interrupción, decidió seguir siendo directo y que su mensaje no se viera condicionado por la persistencia de cualquiera de sus pacientes...

"Estas terapias pues, van orientadas, como digo, a disminuir la prevalencia de la enfermedad. El tratamiento y la prevención en pacientes con primeros episodios psicóticos, como puede ser vuestro caso, es clave. No hay que avergonzarse por estar aquí, pues precisamente el que estéis en este centro, en esta sala, es quizás el paso más importante del tratamiento, y dicho esto..."

-- Que sí Doctor, pero no me ha contestado a la pregunta. Digamos qué, clínicamente hablando, ¿estamos locos o no? -- , le volvió a interrumpir la misma chica. 

El resto de compañeros dirigieron su mirada hacia aquella entrometida paciente. Carmen, de unos treinta y tantos años, era una joven atractiva y elegante. Siempre bien vestida y manteniendo un buen porte, llevaba varios años trabajando como abogada en un importante bufete. Había tenido una vida envidiable hasta entonces, pero por algún motivo todo comenzó a cambiar.

"Bueno, si te atreves a contarnos por qué decidiste o decidieron traerte hasta aquí, tal vez alguno de tus compañeros de terapia puedan tener una opinión concreta para determinar si realmente estás loca o, por el contrario, estás aquí erróneamente", -- le respondió el Doctor Martín.

Carmen, se acomodó en su asiento con cierta tranquilidad, como si fuera a defender a uno de sus clientes en los muchos juicios que llevaba a su espalda, y comenzó a hablar;

-- Es cierto que últimamente, llevaba una rutina muy agitada, pero considero que el rumbo de mi vida siempre ha estado en mi mano para ser feliz. Tengo un buen trabajo que me permite ganar mucho dinero, lujos materiales por doquier; todo tipo de joyas y caprichos, un coche de alta gama, una casa impresionante, un novio maravilloso, hasta que...., digamos, hasta que mi vecino entró en mi vida. Todo cambió con ese detalle... 

Un incómodo silencio se apoderó de la sala, hasta que el Doctor Martín le replicó; 

"Bueno, pues entonces, háblanos un poco más sobre eso..., tu vecino".





Cabeza la Vaca, 1 de febrero de 2019. Imagen libre en la red. 



viernes, 25 de enero de 2019

Sesión 1. Mentiras y verdades.

Todos en círculo, esperaban a que el Doctor tomara asiento. Sería la primera sesión de las muchas que les esperaban a los cinco nuevos integrantes de aquel centro psiquiátrico. Dos mujeres y tres hombres se enfrentarían durante un tiempo a una intensa terapia con la intención de volver a reconvertirlos en personas cuerdas. Sus vidas y las de sus familiares y amigos iban a estar presente en esas sesiones. Nadie, conscientemente, asume que necesita ayuda. Ellos tampoco eran una excepción. 

Dicho lo cual, estas personas iban a ser muy especiales para el Doctor Martín, reconocido psiquiatra y nuevo director de aquel afamado centro desde hacía solo unas pocas semanas. E iban a ser especiales porque ellos mismos iban a ser el resultado de la actuación de cada uno de sus compañeros y lo que aprendieran de sus intervenciones.

Los cinco pacientes estaban sentados en sus sillas que, colocadas en semicírculo, miraban a una silla central que aún siendo de idéntico estilo que las demás, daba la sensación de ser más cómoda que el resto. O tal vez lo que la diferenciaba era que sería ocupada por una persona sana, sensata, elocuente..., o al menos eso pensaban todos los componentes del grupo en esa espera.

La sala era amplia y sus ventanales a ambos lados, hacía que resultara confortable, más aún con la tibia entrada de los rayos de sol de aquella mañana de enero. En el extremo de la sala más cercano a ellos, detrás de la silla que aún permanecía vacía, había una antigua pizarra de colegio y escrito en tiza y con una letra de caligrafía, el siguiente texto; "Sesión 1. Mentiras y verdades. Viernes 25 de enero 10:30h. Dr. Martín". 

Justo un poco más arriba de la pizarra un reloj analógico marcaba las 10.25h. Y ese fue el momento en que la puerta se abrió y apareció un señor de unos 60 años, alto y delgado, con buen aspecto físico, el pelo canoso y vestido con una bata blanca hasta un poco más arriba de las rodillas. Su barba era blanca y cuidada y llevaba unas ligeras gafas con unos cristales impolutos que casi las hacían imperceptibles. Dejó la bata sobre la percha y tomó asiento, giró la vista atrás para mirar la hora y comenzó a observar fijamente a los pacientes que tenía frente a él.

Tras un breve pero incómodo silencio, comenzó a hablar sin dirigirse a nadie en concreto;

- "Buenos días y bienvenidos a este centro que, a buen seguro, va a cambiar de algún modo y para siempre cada una de vuestras vidas. En un primer momento, realizaremos una sesión grupal a la semana, sin perjuicio que individualmente y por separado decida veros en algún otro día y sin previo aviso.

Hoy, en esta primera sesión, quiero empezar a dictaros las primeras normas de conducta para cuando cada uno de ustedes ocupen esas sillas. Estas normas deberán ser cumplidas a rajatabla y no seré yo el que os confronte en caso que no sea así, sino que seréis vosotros mismos los encargados de recriminar al compañero su mal comportamiento en caso que eso ocurriera y así lo consideréis necesario. 

La primera norma, y que será protagonista en esta sesión, será la importancia de la mentira y la verdad en cada una de vuestras vidas. Para ello, quiero explicaros algo parecido a un cuento que me contaron hace mucho tiempo y que a día de hoy, es indispensable para mi transmitirlo a los miembros de mis grupos en nuestro primer encuentro. Dice así;

- El mundo era un gran escenario de mentiras y verdades. Todas tenían como raíz la misma especie, sin embargo había de diferentes razas. Por ejemplo estaba la mentira blanca; se creía superior a todas las demás, y con su cara de "yo no fui", infectaba a todos con sus ideas cuestionables. 

También estaba la mentira negra, odiada y rechazada. Esta mentira siempre estaba presente en los trabajos sucios, en el bajo mundo. Menos comunes, también se encontraban las verdades a medias, una raza considerada como antinatural. Aún así, eran muy distintas a las medias verdades, muy peligrosas por la confusión que generaban.

Varias veces se había discutido acerca de sus derechos en la sociedad pero nunca se habían aprobado. Si a la mentira negra no la querían las propias mentiras, las medias verdades y las verdades a medias no eran queridas ni por las mentiras ni por las verdades. Finalmente estaba la verdad pura, una raza rara en peligro de extinción que pasaba desapercibida.

Eran las 12 del día y la mentira más querida por todo el mundo apareció por el televisor, se trataba del presidente del Gobierno. Era considerado un perfecto representante del pueblo. Después de su discurso largo y contundente, el noticiero anunciaba el caso que estaba atormentando a la nación, una verdad que había sido descubierta y apedreada por varias mentiras negras delante de una gran multitud sin que nadie hiciera nada para defenderla. 

Justo después de ese anuncio, un famoso doctor conocido como una gran mentira blanca en el mundo de la cirugía, entraba por la puerta de la habitación y le indicaba a su paciente que él había actuado bien pero ya todo dependía de la naturaleza de su cuerpo. 

En el noticiero del mismo canal podía verse como también jugueteaban incansablemente el corazón y el cerebro de las personas. Unas veces con las mentiras y otras con las verdades y en ambos casos, siempre alguien salía herido.

Entonces alguien apareció de la nada y aseguró en medio de toda aquella incertidumbre, que tenía la fórmula para averiguar cuando alguien mentía o estaba siendo totalmente sincero. Una fórmula infalible y que cambiaría la vida de todos los humanos en la tierra. 

-- Los animales no mienten --, aseguraba. -- Y es por una simple cuestión que, aunque me ha llevado años averiguarlo, ha hecho que todo tenga cierta lógica. Y es que resulta...

"Disculpe Doctor Martín", interrumpió de repente el cuento uno de los pacientes.

Todos lo miraron seriamente, contrariados y molestos por haber cortado el cuento en su mejor momento.

"¿Puedo hablar?", volvió a insistir.

El Doctor lo miró apaciblemente, y asintió con la cabeza animándole a ello.

"¿Entonces, lo que está usted tratando de decirnos es que, en estas sesiones o terapias, solamente podemos decir la verdad ante cualquier tipo de pregunta, ya sea que venga de usted o de cualquiera de mis compañeros?".

El Doctor le sonrió y le dijo; - Así es hijo, veo que lo has entendido perfectamente incluso antes de acabar el cuento. -

"Lo siento Doctor, pero entonces yo no puedo formar parte de estas sesiones".

- Claro que puedes hijo. De eso se trata, de que en tu vida solamente tenga cabida la verdad, que es única e incuestionable. -

"Le insisto Doctor, en que entonces eso no es posible"

- ¿Puedes darme un motivo de peso para entender lo que me dices? -

El paciente, se quedó pensativo y en silencio. Su cara comenzó a sonrojarse, sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas. Solo se atrevió a decir...

"Digamos, que soy el resultado de una aventura entre una mentira negra y una verdad a medias"...


Cabeza la Vaca, 25 de enero de 2019. Imagen libre en la red.

viernes, 18 de enero de 2019

La Carpintería

No hay mejor forma de interpretar las distintas experiencias de la vida como se hace a través de los cuentos. Me encantan; en todas sus formas y de todos los estilos. Los hay más escuetos pero con un mensaje más directo, o los hay más largos y donde puedes encontrar en sus líneas varias lecciones que aprender al mismo tiempo. 

Y es curioso porque ese aprendizaje suele venir disfrazado en mensajes de distinta naturaleza; a veces son historias profundas y con un gran temperamento, otras con más temple e incluso hay cuentos que lo que transmiten pueden llegar a resultarnos discretos, dulces y hasta cariñosos (como los infantiles).

Ayer sin ir más lejos, hablaba con la mujer de uno de mis compañeros de trabajo y en cómo después de muchos años, a cada uno de nosotros nos ha ido cambiando la vida y con ella, nuestras circunstancias. De cómo tenemos que re-inventarnos continuamente (y no sólo en el aspecto laboral), para seguir aportando en nuestro día a día lo mejor de nosotros mismos.

El trabajo en equipo es como un engranaje que necesita ser lubricado con la mejor versión de cada cual, y eso a pesar de que sabes que ya no somos los mismos que éramos, sencillamente porque nuestra vida y la de los que nos rodea ha cambiado.

Por eso que el trabajo en equipo (más aún el que se viene desarrollando desde hace muchos años) debe alimentarse continuamente. Con actos de compañerismo, sinceridad y empatía. Pero sobre todo, admirando las cualidades que hay en cada cual pasando por alto y comprendiendo sus posibles defectos. Para entender todo esto, qué mejor cuento que ese en el que dicen que...:


"Cuentan que en una carpintería hubo una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar diferencias. 

El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar, ya que se pasaba todo el tiempo haciendo ruidos. 

El martillo aceptó la culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo, argumentando que había que darle demasiadas vueltas para que sirviera. 

El tornillo aceptó el ataque, pero exigió la expulsión de la lija. Señaló que era áspera en su trato y tenía fricciones con los demás. 

Y la lija estuvo de acuerdo, pero exigió que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás como si él fuera perfecto. 

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició la tarea. Utilizó el martillo, la lija, el metro, y el tornillo. Finalmente, la tosca de madera se convirtió en un hermoso mueble. 

Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. 

Fue entonces cuando el serrucho dijo: - Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso nos hace valiosos. Así que no pensemos en nuestras faltas y concentrémonos en la utilidad de nuestros méritos. 

La asamblea pudo ver entonces que el martillo es fuerte, el tornillo une, la lija pule asperezas y el metro es preciso. Se vieron como un equipo capaz de producir muebles de calidad. 

Esta nueva mirada los hizo sentir orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos".



Fuente de Cantos, 18 de enero de 2019. Imagen libre en la red.

viernes, 11 de enero de 2019

Mañana todo es posible

“Mañana... todo es posible”

Y si es la mañana de un nuevo año siempre parece doblemente mágica: es la mañana del mañana. El momento ideal para conjurar en nuestra vida los deseos más sinceros, para descargarnos de algunas penas.

En la medianoche del 31 de diciembre presentimos una frontera con un futuro que esperamos providencial: siempre deseamos que algún sueño pierda las alas para ver si se deja alcanzar.

Y es importante un buen comienzo... ya llegará la realidad con sus desengaños. ¡Mientras dura la ilusión las cosas son perfectas!

Por eso realizamos algunos rituales y, ese día, hay manías que ganan importancia: queremos alejar la mala suerte, que el espacio que deje se llene de fortuna.

Por eso se limpia la suciedad, y el recuerdo, del polvo del pasado; hay que hacer sitio al futuro... y que pueda extenderse sin influencias negativas.

Hay que intentar entrar en una vida nueva con todo resplandeciente: la casa, el cuerpo y las intenciones. 

Incluso a veces se escriben, en un papel, las cosas malas que pasaron: ¡que el año viejo se quede con sus cenizas!. Cuando llegue la brisa del cambio evitará que se repitan (que el viento las pierda en la inmensidad).

Pero no solo florecen las esperanzas, también afloran los miedos: recelos que esconden temores reales. 

-El futuro se extiende en lo inmediato: oscuro a la par que incierto-

La frontera con “el más allá” no se siente segura, tal vez debilitada entre las sombras, propiciando sospechas de desgracias nunca percibidas. 

Es necesario buscar protección. Pues es necesario estar alegres para no atraer a los espíritus tristes (menos aún a la gente tóxica).

Conjuremos el temor con fuego y ruido; entre fuegos artificiales, escondidos tras la barrera del festejo, confiando en la felicidad y satisfechos. 

La realidad tiene sus días y los muertos ya cuentan con los suyos; si las lágrimas han de empañarte... que este día, al menos, comience con alegría y que una sonrisa te abra la puerta del futuro.

Tu historia comienza con cada mañana, la escribes con cada instante; confía en tus posibilidades: el futuro aún no tiene nada escrito.
Los recuerdos pueden esperar, reserva un instante a la ilusión.

Y es que mañana todo es posible. Hoy, sin embargo, también...


Fuente de Cantos, 11 de enero de 2019. Imagen libre en la red.